FRANCISCO GARCÍA
El consejero Rabanal coge el rábano de la recesión por las hojas y asegura, ante una prole de conmilitones, que Asturias saldrá de la crisis «a finales de 2010». No existe bola de cristal que anuncie cuándo amainará la granizada de pésimos datos económicos que adelgazan a las vacas flacas hasta convertirlas en paupérrimas. Y resulta, en cualquier caso, arriesgado aventurarse en fechas que anuncien la aparición del arco iris del empleo y del consumo tras la devastadora tormenta. Las predicciones de los políticos se parecen con frecuencia a los pronósticos de los augures: no están basadas en hechos constatables sino en impresiones que dibujan los posos del café o en el escrutinio de las entrañas de un cuervo. Cuando la política se convierte en quiromancia, los detentadores del poder público dejan de ser gestores para convertirse en santeros. La demagogia no garantiza aciertos. De haber habido brotes verdes cuando lo anunció Salgado hoy contemplaríamos floridas ramas y no raíces secas.