J. C. GEA
Figuras humanas entendidas como «un símbolo de transformación de las cosas»; personajes tiernos, coloristas y a veces grotescos cuyos rostros ocultan o denotan otros rostros. Guiñoles, marionetas colgadas de sus hilos, máscaras o seres enigmáticos pintados con un estilo en el que se equilibran lo expresionista y lo ingenuo. Con esos mimbres construye el pintor aragonés José Ignacio Baqué (Zaragoza, 1931) el universo plástico presente en la obra que, desde el pasado viernes, expone en la galería Tioda: una treintena de óleos con los que el zaragozano debuta en las salas gijonesas y que permanecerá expuesta hasta finales de mes.
«Mi intención es hacer una pintura muy subjetiva, de sentimientos, que transmita soledad, tristeza o alegría», comenta Baqué, para quien sus personajes establecen «un juego de máscaras con la personalidad», de manera que los rostros «no dicen lo que quieren decir, sino algo distinto».
Tonadilleras, manolas, payasos, personajes enigmáticos, retratos transfigurados se suceden en un estilo que el coleccionista Cándido Fernández describe en catálogo de la exposición como «Expresionismo tierno, ingenuismo delicado, a veces bronco, pero siempre deliciosamente emocional y emocionante».
La muestra de figuras simbólicas del afamado creador zaragozano se podrá ver en la gijonesa sala de arte Tioda, que tiene su ubicación en el número nueve de la calle Instituto, hasta el próximo día 26 de este mes.
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