R. G.
Verónica E. D. se personó ayer en los Juzgados de Poniente luciendo una nueva imagen. Cabizbaja, con un abrigo largo y el pelo teñido de rojo. Una joven muy diferente a la que el 22 de junio de 2008 salía de esta misma sede judicial en libertad con cargos después de declarar ante el juez de guardia.
Su cambio no es sólo estético; simboliza, según sus propias palabras, algo más: «No sólo he cambiado de imagen, también he cambiado de vida. Tengo una pareja estable, he vuelto a vivir con mi abuela en su piso de El Llano y ha encontrado trabajo, todo por los niños». Además, Verónica quiere dejar atrás la mala imagen que le ocasionó la detención policial: «Pensé que nadie me iba a querer contratar después de salir en las portadas de los periódicos, pero he tenido suerte».
La joven trabaja ahora en una empresa de limpiezas. «Todas las mañanas voy a trabajar pensando en el momento en el que podré volver a tener a mis hijos». El psicólogo al que acude la ha ayudado mucho en estos últimos años. Gracias al apoyo profesional ha conseguido, dice, dar un vuelco a su vida: «Al principio no me daba cuenta de lo que pasaba, yo incluso veía normal la suciedad que había en mi piso. Pero con el paso del tiempo y la ayuda de profesionales he comprendido que aquello era una barbaridad». Ha aprendido la lección y sabe que no habrá otra oportunidad.