R. G.
La noticia de la muerte de Alfonso Carrió Fano consternó ayer a muchos de los vecinos de la parroquia gijonesa de Lavandera, que lamentaban el terrible accidente de tractor -de los muchos semejantes que se producen en la zona rural- con resultado fatal para su anciano vecino. Especialmente afectada se mostraba Pilar Santoveña, la que hasta la fecha era su apoyo doméstico y una gran compañía para un hombre que vivía solo tras enviudar de Marina Rubiera.
Santoveña, a quien le tocó el duro trago de encontrar sin vida a Alfonso Carrió, recordaba ayer que llevaba más de seis años trabajando para el fallecido. «Le llevo el periódico todas las mañanas para que esté informado y le hago un poco de compañía, además de ayudarle con las tareas del hogar», contaba la empleada, para quien Carrió era «un hombre muy cariñoso y tranquilo; se notaba que le hacía falta que le hicieran compañía y que le gustaba ayudar a los demás para, por lo menos, sentirse un poco útil a su edad».
La finca donde tuvo lugar el accidente mortal en Lavandera está ubicada en el barrio de Linares, a pocos metros del llagar de Sidra Canal. De hecho, estos vecinos fueron los primeros a los que recurrió Pilar Santoveña en busca de ayuda, antes de que llegara la Guardia Civil y los equipos sanitarios.
Las confusas noticias que inicialmente se propagaron por la zona rural sobre un accidente de tractor con una víctima mortal provocaron mucho nerviosismo y algún que otro susto. Como el que se llevó el hijo de Pilar Santoveña, que llegó a creer que el fallecido era su padre. El joven, de 17 años de edad, volcó su disgusto con un fuerte puñetazo a la pared, lo que generó que su madre tuviera que trasladarle después al Hospital de Jove, donde le atendieron de la lesión.