ELENA DE LORENZO ÁLVAREZ
Autora de la edición crítica del tomo XII de las «Obras completas de Jovellanos. Escritos sobre literatura»
J. M. CEINOS
La gijonesa Elena de Lorenzo Álvarez, profesora de Filología Española en la Universidad de Oviedo desde 2007, ha sido la encargada de la edición crítica y el estudio preliminar del XII volumen de las «Obras completas de Jovellanos», dedicado a los escritos sobre literatura. La obra será presentada esta noche, a las ocho, en la Casa Consistorial de Gijón. Elena de Lorenzo ya coeditó el tomo sobre escritos asturianos de Jovellanos, que se presentó en 2005.
-¿Qué es lo que se van a encontrar los lectores en este duodécimo tomo?
-Escritos de Jovellanos a lo largo de treinta años, desde 1780 hasta 1810, y los corpus principales son las censuras, que se editan todas por primera vez, setenta en total. También tenemos en el tomo las memorias sobre espectáculos y diversiones públicas, así como otros informes y memorias presentados ante diversas academias, y otra parte dedicada a sus escritos en Mallorca.
-¿Cómo era el Jovellanos censor, teniendo en cuenta que era un ilustrado en el Siglo de las Luces?
-Defiende la intervención estatal en materia de cultura, es decir, defiende que es el Estado quien puede decidir lo que se publica o no, y en ese momento lo que significa es que reclama ese papel para el Estado frente a la Iglesia, que era la que hasta entonces censuraba. Participa Jovellanos muy activamente, y censura más o menos un libro cada dos meses, y en la media es un censor que dice que no al veinte por ciento de los libros, cuando la media era de catorce en el resto de sus compañeros, aunque llama la atención que defienda la entrada de obras extranjeras que, en principio, podríamos pensar que no, como Voltaire, que estaba en el índice de libros prohibidos de la Iglesia.
-¿Esa línea cambia cuando el Gobierno decreta el cinturón sanitario tras la revolución en Francia de 1789?
-Sí, pero en 1789 Jovellanos acaba de aterrizar en el destierro en Gijón, es decir, a él le toca ser censor justo en los años en los que ese control de la circulación de la ideas no es tan duro. Otra particularidad del Jovellanos censor es que aprueba la entrada en España de muchos libros de pensamiento económico.
-Otra parte importante del tomo son sus memorias sobre las diversiones públicas, donde llama la atención sus críticas a la fiesta de los toros...
-La argumentación que da Jovellanos al respecto es que en ese momento donde se dan los espectáculos taurinos es en Madrid y en Cádiz, principalmente, y que él no ha visto corridas de toros en otros lugares; por lo tanto dice que no se puede considerar como una fiesta nacional. Lo que defiende es el papel de las diversiones populares, de las romerías, de los bailes de máscaras, saraos... Pide también la apertura de cafés, lo que llama «casas de conversación», es decir, otros espacios de sociabilidad alternativos.
-¿Defiende el casticismo?
-No, es mucho más europeísta.
-Volviendo otra vez a su etapa de censor, ¿a qué achaca ese mayor celo de Jovellanos en relación a los otros censores?
-La cuestión es que era un censor muy pulcro que se tomaba muy en serio su trabajo y creo que a eso responde esa mayor dureza; pero es mucho más interesante ver a que dice que sí y a que dice no.
-En su introducción a la obra escribe usted que fue «un discreto defensor de la libertad de prensa», ¿sólo discreto?
-Es un censor, por eso cree que todo aquello que se debe publicar es conveniente que pase por la revisión, lo mismo que pide que todas las obras de teatro que se representen también sean censuradas previamente, y lo pide también para la prensa.
-El otro gran capítulo es el dedicado a Mallorca, donde ya es un hombre que cayó en desgracia, ¿qué conclusión saca usted de esos escritos?
-Lo que llama la atención, tanto para los escritos literarios como para el resto, es ver cómo el telar sigue trabajando. El ilustrado, aunque está encerrado, no sabe estar ocioso y encuentra en los libros una actividad que le es positiva. Escribe como si algún día fuera a publicar, aun sabiendo que no es posible.
«En el duodécimo tomo se editan por primera vez todas las censuras, setenta en total»
«Pide la apertura de cafés, lo que llama casas de conversación, es decir, otros espacios de sociabilidad alternativos»
«Jovellanos no ha visto corridas de toros fuera de Madrid y Cádiz; por lo tanto, dice que no se puede considerar como una fiesta nacional»