R. GARCÍA
Un vecino de la parroquia gijonesa de Lavandera, Alfonso Carrió Fano, de 89 años, falleció en la mañana de ayer aplastado por su propio tractor. Su cadáver fue localizado al mediodía, bajo la panera de la finca que tenía el fallecido en el barrio de Linares, por Pilar Santoveña, la mujer que le ayudaba en las labores domésticas. Ella fue la primera que se percató del suceso cuando iba a ayudar a Carrió a «pañar manzana». «Esa misma mañana habíamos estado hablando de la recogida de la manzana y le dije a Alfonsín que esperara, que era peligroso que a su edad y con su condición física se pusiera a conducir el tractor, pero no me hizo caso», relataba en la tarde de ayer, aún afectada, la mujer. Cuando Santoveña llegó a la finca, alrededor de las dos y media de la tarde, oyó el motor del tractor que estaba encendido. Tras llamar a la puerta se extrañó de que nadie le abriera, de ahí que accedió a la finca ayudada por su marido. Fue entonces cuando se percató de la tragedia e, inmediatamente, dio aviso al 112 Asturias y a la Guardia Civil.
Los efectivos sanitarios no pudieron hacer nada por salvarle la vida al accidentado ya que, según informaron fuentes cercanas al caso, se baraja que llevase varias horas muerto, aplastado por el tractor. Los agentes de la Benemérita serán ahora los encargados de esclarecer las causas del suceso, aunque todo apunta a que un fallo humano pudo desencadenar el fatal accidente. Entre las hipótesis que se contemplan está que Alfonso Carrió pusiera en marcha el tractor y se bajase del vehículo, sin darse cuenta de que tenía metida una de las marchas. Fue entonces cuando perdería el control del tractor, que chocó contra uno de los pegollos de la panera.
El golpe hizo que la caja del tractor cayera sobre Alfonso Carrió, provocándole la muerte. Así le encontró Pilar Santoveña: «Cuando yo llegué, Alfonsín tenía medio cuerpo atrapado», explicaba.
Alfonso Carrió estaba viudo de Marina Rubiera Menéndez. Era natural de Aroles, en la parroquia de Vega, pero desde su juventud vivía en Lavandera, donde era muy conocido entre los vecinos, quienes ayer destacaban su «buen carácter». También se recordaba que la fatalidad había rodeado ya a esta familia, puesto que otro accidente hace ya muchos años provocó la muerte de su único hijo, siendo apenas un niño, tras caer de un cerezal. En el tanatorio de Cabueñes, a las seis de la tarde de hoy, miércoles, tendrá lugar una celebración de la palabra en recuerdo del fallecido.