FAUSTINO OBESO CARRERA
Presidente del Club de la Innovación y primer titulado de la Escuela de Ingenieros de Gijón
C. JIMÉNEZ
Faustino Obeso Carrera, reelegido recientemente como presidente del Club Asturiano de la Innovación, es el primer titulado de la Escuela Politécnica Superior de Ingeniería de Gijón (antigua Escuela Técnica Superior de Ingeniería). Ayer inauguró el ciclo de conferencias de antiguos alumnos del centro, que traerá a Gijón durante los próximos meses a destacados profesionales formados en el campus universitario de la ciudad. Obeso animó a los futuros ingenieros a emprender su carrera profesional con «ilusión» y grandes dosis de «innovación». «No hay sociedad sin innovación», afirma.
-¿Cómo recuerda su etapa universitaria en los albores del campus de Gijón?
-Comenzamos de una forma muy precaria en la Escuela de Ingenieros en 1978. Entonces la sede estaba en Manuel Llaneza y la carrera era de seis años. Los cuatro primeros cursos fueron allí y en quinto nos mudamos al campus, donde hoy se encuentra la Escuela de Peritos. Fuimos los primeros del campus, cuando llegamos no había nada más, estaba todo por hacer, pero tanto alumnos como profesores llegamos con mucha ilusión y eso que en invierno pasamos muchas dificultades, porque al principio no había ni calefacción.
-¿Alguna mención al primer claustro de profesores?
-Recuerdo con especial cariño al que fue mi tutor del proyecto fin de carrera, Javier Uceda, hoy rector de la Universidad Politécnica de Madrid, con quien mantengo muy buena relación. Y el profesor Campomanes, que también dejó una impronta en la escuela de su buen hacer.
-¿Cómo ha evolucionado la formación de los ingenieros desde su graduación en 1984?
-No tiene nada que ver, es algo diferente e infinitamente mejor a lo que nosotros vivimos. Se aprecia incluso en los aparcamientos: hoy no hay sitio para todos y cuando nosotros llegamos al campus incluso sobraban plazas. En cuanto al equipamiento, cuando llegamos a la escuela sólo había un ordenador para todos y hoy casi se puede decir que hay uno por alumno. El que más utilizaba aquella máquina era el actual director de la Escuela de Informática, Pedro Hernández. Ya se veía su pasión por ese campo. Tampoco teníamos laboratorios y hoy los estudiantes del campus cuentan con muy buena infraestructura tecnológica a su disposición.
-Desde su perspectiva de ex alumno, ¿qué opina de los próximos cambios que se avecinan en la Universidad?
-Está claro que tenemos que alinearnos con Europa, soy un convencido de ello; si no, no hacemos nada. El cambio va a costar porque todos los cambios necesitan de un período de adaptación, pero es positivo.
-El futuro de los próximos ingenieros de Gijón se dibujará en un contexto de crisis económica. ¿Sus perspectivas laborales son peores que las de la promoción de 1984?
-Para salir de la crisis financiera hay un consenso internacional de que las políticas de investigación, desarrollo e innovación son una apuesta ganadora. Los futuros ingenieros deben esperar el futuro con ilusión. La crisis nos permitirá aprovechar mejor las oportunidades que vayan surgiendo. Está cambiando el modelo productivo y hacen falta técnicos y expertos en innovación, pero innovación no sólo desde el punto de vista tecnológico, sino también como innovación social.
-¿Qué es la innovación social?
-La sociedad a veces no es capaz de absorber los avances científicos a la velocidad que se desarrollan. Hay que corregir ese desequilibrio y superarlo. Eso es innovación social, pero innovar no se circunscribe a la parte técnica, sino que hay que crear estructuras de oportunidades y ver lo que se puede hacer. No hay sociedad sin innovación, pero si esa innovación no llega a la sociedad no tiene sentido el esfuerzo. Las responsables de transmitir todos esos desarrollos son las empresas.
-Y los emprendedores ¿qué papel deben jugar?
-Es necesario que reciban más apoyos. El sistema de ciencia y tecnología español es el mejor de la OCDE, pero cuando una persona tiene una idea faltan mecanismos de apoyo para que pueda arriesgar. Cuando se creó Silicon Valley los innovadores no nacieron allí, sino que se desplazaron al lugar donde encontraron estructuras favorables para innovar.
-Más propuestas.
-Se debería valorar y considerar adecuadamente la colaboración de los profesores con las empresas. Hay gente que está trabajando mucho en este ámbito y que no está reconocido. Pero esos docentes también deberían arriesgarse a crear empresas de base tecnológica, que son una fuente de riqueza. Cualquier empresa que cultive la innovación y la creatividad tendrá futuro. Además, la presencia en los «clusters» y redes de excelencia es esencial para el futuro. Ahora que este campus tiene una importante distinción a la I+D+i podemos estar contentos de que ése es el camino a seguir y de que estamos entre los mejores. Lo que aconsejamos desde el Club Asturiano de la Innovación es que a cualquier proyecto que se presente la Universidad vaya siempre acompañada de empresas.
Perfil
Faustino Obeso
Niembro (Llanes), 1948.
Doctor ingeniero industrial por la Escuela Politécnica Superior de Ingeniería y premio extraordinario fin de carrera de su promoción (1984), la primera del centro en las aulas del campus. Es profesor asociado del área de Ingeniería de Sistemas y Automática de la Universidad de Oviedo y director del máster en gestión de la innovación.
Ha ocupado diferentes cargos en las plataformas europeas y española del acero. Hasta finales de 2008 fue el responsable del grupo de I+D en Arcelor-Mittal, donde ha dedicado buena parte de su actividad profesional durante los últimos 15 años.
Fue uno de los impulsores de las relaciones Universidad-empresa. De hecho, varios equipos de los laboratorios de investigación del campus se han vinculado a proyectos impulsados por Faustino Obeso.
Es presidente de la Fundación ITMA y en octubre pasado renovó como presidente del Club Asturiano de la Innovación.
Es miembro de varios comités de tecnología nacionales, europeos y de ámbito mundial, y ha participado en la preparación de los programas «Marco» de la Unión Europea.