E. M.
«Lo que deberíamos conocer para diagnosticar si el agua de las fuentes de Jove puede tener consecuencias para la salud humana son los niveles exactos de mercurio y pH por los que han sido declaradas no potables». Elena Marañón, catedrática de Tecnologías del Medio Ambiente de la Universidad de Oviedo, huye del alarmismo a la hora de analizar la reciente prohibición de beber en los manantiales de La Piquera y El Muselín, aunque considera necesaria una explicación más precisa por parte de los responsables municipales. «La ley fija unos máximos de estas dos sustancias muy bajos, así que esta medida no significa necesariamente que el agua fuera perjudicial para la salud». Aun así, subraya que en el caso de que el agua tuviera niveles de mercurio muy elevados «podría llegar a ser peligrosa y provocar patologías en los huesos, el sistema nervioso o hepatoxicidad». Algo que, llegado el caso, puede «desembocar en la muerte por envenenamiento».
De todas formas, Marañón se muestra confiada en que las fuentes gijonesas no «tengan niveles demasiado elevados». «Que el pH y el mercurio superen los límites legales no quiere decir que el agua sea necesariamente peligrosa; ahora bien, estaría bien conocer cuáles son esas tasas para despejar cualquier duda». La experta en el estudio de suelos considera que esta acumulación del metal pesado puede deberse «a alguna filtración» que llega al origen del manantial. Algo que considera «digno de ser analizado» ante una hipotética reapertura de los manantiales para consumo humano.
La prohibición de beber en El Muselín y La Piquera se produjo días después de que la Autoridad Portuaria de Gijón pusiera en conocimiento del Ayuntamiento un estudio que relevaba índices de mercurio y pH en el agua superiores a los permitidos por el real decreto 140/2003. Según la concejalía de Medio Ambiente, los resultados de ese informe han sido puestos ya en conocimiento de las autoridades sanitarias del Principado.