Eloy MÉNDEZ
Como casi todas las mañanas desde hace «muchos años», Teresa Álvarez baja la cuesta de El Muselín para coger agua de la fuente del barrio. En una mano lleva una botella de plástico de dos litros y con la otra agarra a su nieta Mar. «De ahí bebemos toda la familia porque está más buena que la que sale del grifo», asegura. No le preocupa el cartel de «No potable» que el Ayuntamiento colocó junto a los caños del manantial hace una semana, después de que un estudio encargado por la Autoridad Portuaria detectara en el agua unos índices de mercurio y pH por encima de lo permitido legalmente. «En El Muselín todo el mundo va a la fuente y nunca pasó nada», dice. Aun así, le gustaría que «alguien» se hubiera acercado al vecindario para explicar las razones de la repentina medida.
Cuando llega a la fuente, tres operarios del servicio de Parques y Jardines ordenan material de obra. Van a restaurar el lavadero situado junto al manantial, justo cuatro días después de que llegara el anuncio que prohíbe beber. «Nosotros no tenemos nada que ver con eso», dice Manuel Canal, uno de los obreros. Junto a los dos viejos caños que escupen el agua, asoma el grifo que el Ayuntamiento colocó recientemente y que conecta con la traída municipal de aguas, la que llega a las viviendas. Pero Álvarez ni siquiera se fija en el nuevo surtidor y llena su botella en el lugar donde siempre lo ha hecho.
Desde la puerta de su casa, María Rosa Acuña observa la jugada. Hace cincuenta años que llegó a El Muselín procedente de Pontevedra, siempre ha bebido de la fuente y lo seguirá haciendo. «Hasta aquí viene gente de Tremañes, Gijón, La Calzada... de todos los sitios», asegura. «Y nunca murió nadie», añade. Aun así, lleva unos días un poco inquieta. «No sabemos si esto lleva mucho tiempo así o si el agua se ha puesto mala de repente», señala. Por eso, considera oportuna una explicación por parte de las autoridades. «Ya puedo esperar sentada», sentencia desconfiada.
Con la mosca detrás de la oreja están también los vecinos del barrio de La Piquera. Su fuente es la otra que ha pasado en los últimos días a engrosar la lista negra de manantiales «no potables». «No sabemos a cuento de qué viene esta medida», relata Carlos González. Él y su mujer, Visitación Pérez, siempre han comido con agua de la fuente. Por eso, hace años llevó una muestra a los laboratorios municipales. Le dijeron que todo estaba en orden. «¿Por qué analiza el Puerto estas cosas ahora?», se preguntaba ayer en acalorada conversación con su vecino Juan Luis González. «Ni idea».
Desde la Autoridad Portuaria aseguran que el estudio que determinó la no potabilidad de las dos fuentes está financiado por Puertos del Estado y se realizó «de manera aleatoria» en distintos acuíferos. En Jove, sin embargo, siguen exigiendo una explicación. Y convincente. «Si ahora no es potable y antes lo era, ¿que es lo que pasó?», se cuestionaba ayer desde su bar de El Muselín Fernando Labrador. «Todo esto es un poco raro», decía Patricia Castaño, asomada a la ventana de su casa de La Piquera para escuchar el chorro de agua de la fuente.