FRANCISCO GARCÍA
La anulación del Plan General de Ordenación Urbana de Gijón es un divieso que le ha salido al equipo de gobierno en salva sea la parte, un grano purulento que afea el rostro amable de la gestión municipal. El planeamiento urbanístico de la ciudad acumula ya veintitrés sentencias contrarias, de manera que no hay hijo de vecino en Gijón que no tenga por diversión meterle un dedo en el ojo al documento técnico de marras y a quienes llevaron su patrocinio desde los despachos, sean técnicos o políticos. La sucesión de fallos favorables a particulares y asociaciones animará a otros ciudadanos que, a la vista del éxito, reclamarán la revisión de fallos desestimatorios anteriores de sus reclamaciones urbanísticas. No es plan esta avalancha de sentencias y recursos. A Pedro Sanjurjo el PGOU se le ha convertido, de un tiempo a esta parte, en un sinvivir, en un PGO ¡UFFFFF! Y con el «caso Blanco» colgando de los juzgados, la sigla amenaza con un sudor frío, con un PGO ¡UY QUÉ MIEDO!