FRANCISCO GARCÍA
La reciente evidencia de agua sobre la superficie lunar puede que no sea más que lágrimas del sol. El astro de fuego que divisa desde el cénit el devenir de los días del sistema planetario que gobierna, de seguro que se deshace en llanto a la vista de las tropelías que se suceden aquí abajo. Leo en una revista educativa que un niño estadounidense de entre 10 y 15 años contempla cada año en la televisión 15.000 asesinatos, 2.000 violaciones y más de 10.000 robos a mano armada. Si ese tiempo entregado a la contemplación gratuita de la violencia lo dedicáramos a leer y a cultivar el ejercicio placentero de la conversación, el mundo sería más seguro y más limpio. La Tierra se recalienta, y los bosques, reserva espiritual del oxígeno, se queman y se talan. Los científicos sonríen por el descubrimiento del acuífero selenita, pero fruncen el ceño al constatar que estamos convirtiendo en ceniza el planeta verde. De manera que las sonrisas de hoy excavan los canales por donde en el futuro discurrirán lágrimas.