La Policía ha desarticulado un punto negro dedicado a la introducción y distribución de cocaína con la detención de dos gijoneses de 31 y 32 años, con antecedentes ambos por delitos contra la salud pública. Los detenidos poseían un laboratorio clandestino además de un punto de distribución «muy activo», según señalaron fuentes policiales.
La Policía comenzó a investigarles ante la sospecha de que los dos jóvenes distribuían sustancias estupefacientes y contaban con la infraestructura necesaria para adulterar y manipular la droga.
Los agentes intentaron averiguar dónde estaba ubicado el laboratorio clandestino en el que los supuestos delincuentes conseguían aumentar «considerablemente» el volumen de la droga adquirida. Lo descubrieron a principios de esta semana cuando comprobaron, tras un seguimiento a los investigados, que se ubicaba en un trastero de la calle de Usandizaga. Desde ese momento las pesquisas se centraron en el control del lugar donde almacenaban la sustancia adquirida para su «corte» y distribución.
El lunes, sobre las 19,30 horas, las personas investigadas fueron detectadas cuando abandonaban el trastero en un vehículo. Ante la sospecha de que pudieran llevar sustancias estupefacientes para su distribución, los agentes actuaron e interceptaron el coche, donde encontraron una caja de cartón que contenía, ocultos en una camiseta, cuatro envoltorios de cocaína. Además, encontraron 1.015 euros y dos balanzas de precisión y, a cada uno de los detenidos les incautó varias dosis de esta sustancia que portaban entre sus prendas.
En el registro del trastero la Policía intervino una caja de herramientas con sustancia para adulterar, una prensa hidráulica, una batidora y efectos destinados a la manipulación, corte y distribución de la droga.
En total, la cocaína intervenida sumaba un kilo y ciento noventa y ocho gramos y la sustancia de corte superaba los 800 gramos, cantidades que en el mercado negro hubiesen alcanzado un valor aproximado de 40.000 euros.