Ángel CABRANES
«Ahora, Quini ahora». Los alumnos del Colegio Inmaculada recibieron ayer al histórico nueve del Sporting con la frase que servía como preludio de sus goles en El Molinón. El Brujo respondió y de qué manera. El mítico goleador rojiblanco participó en un coloquio en el centro educativo donde, interrogado por los escolares, hizo balance de su trayectoria como futbolista. El ex delantero destacó que «la mayor satisfacción que he obtenido en mi profesión es el cariño de la gente de Gijón. No sólo de los que me vieron jugar, también de las generaciones posteriores» y confesó que «en el fútbol lo he conseguido todo, pero una de las ilusiones que me quedan es lograr un título como delegado del Sporting». El acto fue grabado como parte del documental que la empresa Yllobregrafx prepara sobre el siete veces «Pichichi».
A su entrada en la Inmaculada, el instinto traicionó a Quini. El Brujo no pudo evitar pasear por el campo de hierba sintética del colegio hasta alcanzar el fondo de una las porterías, aquellas que hizo temblar con sus certeros remates. Tras firmar autógrafos a una veintena de niños, el paraninfo se convirtió en grada para los alumnos de 1.º y 2.º de la ESO. Un vídeo con los goles del ex rojiblanco dio paso a las preguntas de los pequeños, que se recreaban coreando cada uno de los tantos del Brujo. Las imágenes se detuvieron para incluir la opinión sobre el astro de uno de sus herederos, David Villa: «Es el mayor ídolo que he tenido», dijo el Guaje.
«¿Cuál es el más bonito de todos los goles que has marcado?», le preguntó Miguel Ángel Barrios. «Todos prestan igual, pero el mejor fue el gol de volea en Vallecas. Y eso que a mí me gustan más los de cabeza», respondió Quini. El célebre tanto ante el Rayo Vallecano ilumina todavía las portadas de los libros de historia del Sporting. Una leyenda de la que Quini considera que «he formado parte como uno más de tantos que han pasado por el club, pero no como el mejor. Dicen que vale más caer en gracia que ser gracioso y yo caí bien», valoró ante el cariño que continúa despertando en la afición. El Brujo narró a los escolares cómo fueron sus comienzos, cuando con apenas 8 años se fue a vivir a Avilés desde su Oviedo natal. «Jugaba en el Bosco y quería ser portero, como mi padre, pero como era pequeño me echaron a jugar más adelante. Mi ilusión entonces era llegar a Tercera con el Ensidesa». Un sueño que pudo verse truncado cuando, siendo ya jugador del club avilesino, «pensé en dejar el fútbol. Llevaba una mala racha en la que no metía goles y estaba fuera de forma. Mi madre fue la que más me animó. Me repetía "venga Quinín, que yes el mejor". Ella fue la que tuvo más fe en mí».
María Elena González tenía razón y su hijo no tardó en destacar. El ex rojiblanco no olvida su debut con el Sporting en el Benito Villamarín el año 1968. «Perdimos contra el Betis 1-0, pero una semana más tarde ya metí mi primer gol con el Sporting en El Molinón ante El Ferrol». Fue el inicio de una carrera que le llevaría a conseguir siete trofeos pichichi (5 en Primera División y 2 en Segunda). Una cifra de la que se siente orgulloso: «Sólo Zarra me supera en trofeos en Primera División, con seis, pero si sumamos los de las dos categorías creo que soy el único. Se los debo a todos aquellos que hicieron las jugadas y me dieron los pases. Yo no jugaba un pimiento, pero sí tenía facilidad para ver portería», explicó modesto.
Ahora, centrado en labores de delegado del Sporting, cree que «volveremos a vivir momentos de gloria como los de antes y pronto lo hará en una competición europea». Quini tampoco oculta que «mi última ilusión es alcanzar un título junto al Sporting». Un deseo, que, viniendo del Brujo, puede convertirse en un acertado vaticinio.