Fano, J. E. CIMA
«Sufrí dos grandes deshidrataciones y problemas complicados por falta de agua en mi dura aventura por Australia». El deportista extremo Juan Menéndez Granados relataba así ayer en las escuelas de Fano y Baldornón, llenas de público, la dificultad que entrañó atravesar Australia de costa a costa. Recorrió 5.001 kilómetros en 68 etapas desde el 2 noviembre de 2008 al 5 de enero de este año.
Una exposición de diapositivas, intercalada con vídeos de momentos puntuales de esos tres meses y tres días de expedición, sirvió de muestrario para certifcar la enorme dificultad de transitar en bicicleta por caminos de arena donde su vehículo, con remolque incluido, superaba los 100 kilos de peso.
Partió desde la Playa de las Ochenta Millas, en la costa oeste, para acabar en Sydney, en la costa sudeste, cubriendo la denominada Ruta del Gran Desierto Arenoso. Precisamente porque tuvo que superar el citado desierto, como otros deportistas: Gibson, Simpson, Tirati y Sterzeleck.
Juan Granados relata que «transitar por caminos con arena muy suave donde se te hundía la rueda, suponía un gran desgaste, con un calor de 50 grados y 43 a la sombra, que paliaba con una lona térmica. Cuando te tocaba empujar la bici el desgaste era mayor y acababas con el agua. Hubo un día que solamente hice 25 kilómetros y 22 empujando la bici durante 10 horas. Mi mayor peso era llevar los 50 litros de agua para ir hasta el próximo pozo y a veces tardabas cuatro días y con temor de no llegar». El ciclista Chechu Rubiera -también estuvieron escuchando la charla Coque Uría y la montañera Rosa Fernández- se interesó por algunos aspectos de la aventura y también elogió a este ingeniero técnico electrónico que ya se prepara para atravesar el Sahara en octubre de 2010.
Granados contó que escogió Australia porque le atraía «pasar por pueblos aborígenes, afrontar tanto calor y atravesar los desiertos. En el inicio del trayecto una mujer me dijo: «Habla primero con tu madre porque será la última vez que tengas ocasión». Los de la zona no se creían que podría atravesar en bici y con tanto peso esa ruta interior. También existía el peligro de las serpientes, con cinco clases de veneno mortales que acaban con la víctima en 24 horas, pero por suerte no me encontré con ninguna. Un gran problema fueron los mosquitos, que acudían a centenares. Me tuve que poner una mosquitera porque si no en dos horas me hubiera vuelto loco».
El deportista dijo a su público que «no estoy loco, como alguien puede pensar. Me considero un deportista de expediciones extremas que estudia muchos meses antes la aventura. Llevo un gran equipo, en este caso el agua era primordial, y también estaba comunicado por un teléfono satélite con un amigo aquí en España por si había una emergencia grave».
Su bici americana Felt no le dio problemas: «Tuve solamente 5 pinchazos y una vez se me rompió el remolque, que era para 32 kilos y llevaba el doble. Pero se soldó de nuevo y quedó bien. Esto es mi vida», dice convencido este praviano, ansioso de nuevas aventuras.