R. V.
-Defina sus objetivos para la Cámara de Comercio.
-La institución cameral gijonesa tiene un elemento distintivo que es el recinto ferial. Hay que seguir modernizándolo, generando actividades, organizando congresos... Ese es un camino que no comenzó Luis Arias de Velasco, que es muy anterior. La Feria es un patrimonio que tenemos la obligación de continuar y mejorar. Además, la Cámara debe cumplir con sus responsabilidades de fomentar el desarrollo de las empresas y su internacionalización, y ser un foro de reflexión donde las empresas encuentren elementos para desarrollarse, con la innovación como un elemento fundamental. Y también tenemos interés en favorecer la vocación empresarial. Para mí es muy triste ver que nuestros jóvenes siguen queriendo ser funcionarios, que prefieren el valor seguro al riesgo. El riesgo es lo que da satisfacciones, aunque salga mal. De mi padre aprendí a convertir los fracasos y los problemas, y he tenido muchos en mi vida, en una fórmula de aprendizaje.
-¿Y ser la voz del empresariado ante proyectos tan importantes como la ampliación de El Musel o la mejora de las infraestructuras ferroviarias?
-La Cámara de Comercio es un órgano consultor de la Administración y debe posicionarse en todas estas cuestiones. No debe ser la posición del presidente o de la ejecutiva, sino la de todo el pleno. Hay que hacer un esfuerzo para que la Cámara no sea coto de un grupito pequeño.
-¿Y esa voz de la Cámara se ha oído con fuerza en los últimos tiempos marcados por una situación de crisis económica?
-Quizás esa voz pública no se ha oído tanto debido a la aparición de problemas internos dentro de la institución.
-¿Culpa de la presidencia o de las circunstancias?
-De las circunstancias, creo. Me consta que se ha trabajado mucho y se han hecho muchas cosas. Si conseguimos la confianza del pleno cameral, estas cosas las analizaremos. Nuestra intención es trabajar con un enfoque diferente, pero más pensando en la forma que en el fondo.