JESÚS VILLA
De Sergio Herrero podría decir muchas cosas, pues para eso nos conocemos desde que compartíamos aulas en el entrañable Grupo Escolar Jovellanos. Por ejemplo, que es gijonés por los cuatro costados, pues aquí nació, vive, trabaja y disfruta de esta mar como solo los playos de verdad saben hacer. También podría decir que, tras culminar sus estudios de derecho en la Universidad de Oviedo, se hizo abogado sin pensar en otra posibilidad más que en el ejercicio del derecho penal, a lo que se lleva dedicando desde hace ya más de veinte años, para satisfacción de sus clientes.
Podría decir todo eso y mucho más, pero estoy seguro que ni eso sería lo que él querría, ni yo cumpliría adecuadamente el encargo del presente perfil y cometería una tremenda injusticia, que ni quiero hacer ni él me dejaría cometer.
Porque, por encima de lo poco que yo acabo de reseñar y lo mucho que no voy a decir meritorio de su persona, lo que es Sergio, y nadie podrá poner en duda, es un compañero entregado desde hace muchos años a la defensa y mejora de los intereses de todos los abogados de Gijón, primero como miembro de la Junta de Gobierno de su Colegio y director de la Escuela de Práctica Jurídica, y, en los últimos cinco años, como decano. Cinco años en los que nuestro Colegio ha dado un enorme salto adelante, colocándose, incluso, a la vanguardia tecnológica de la abogacía española, al ser uno de los pilotos en la implantación del Sistema Integral de Gestión de la Abogacía; cinco años en los que, aplicando un estricto control del gasto, se ha conseguido un permanente superávit en sus cuentas; y cinco años, en fin, en los que la formación permanente, sin duda su gran obsesión, ha dado un salto cuantitativo y cualitativo incuestionable; sin contar con la formación inicial, a través de la Escuela de Práctica Jurídica, su ojito derecho, que, tras una profunda renovación en contenidos y metodología, ha casi renacido este curso, para renovada ilusión de sus alumnos, futuros compañeros, y de sus profesores, fundamentalmente letrados, que siguen teniendo un espacio para poder hacer algo que a muchos abogados nos gusta mucho: ayudar a los que empiezan y trasmitirles conocimientos prácticos.
Y para todo eso, y para lo que pretendemos si conseguimos obtener el respaldo en las urnas el próximo 2 de diciembre, no basta con la figura de Sergio Herrero. Antes decía que cometería una tremenda injusticia si me limitase a hacer un perfil del candidato a decano, y como no tengo esa pretensión, ni él lo consentiría, repito, he de aclarar que lo importante de Sergio es el equipo humano que lo acompaña.
Importante por tres cosas: porque intenta aglutinar todas las sensibilidades y sectores de nuestro colectivo; porque todos los candidatos están ahí por voluntad propia y para esforzarse desinteresadamente por el Colegio y en beneficio de todos; y porque ese grupo demuestra una virtud de Sergio que, esta vez sí, hay que reseñar. No busca el personalismo ni el beneficio personal, sino el formar un grupo cohesionado capaz de afrontar, con el apoyo indudable de los compañeros que se mantienen en la Junta de Gobierno, el mucho trabajo que la dedicación de Sergio supone. Y eso puedo decirlo por experiencia.
No quisiera concluir este perfil sin hacer una mínima referencia a otro de los empeños, tanto personales como de ese equipo del que ha sabido rodearse: la mejora de los servicios y prestaciones del turno de oficio. Una empresa que ha supuesto un duro desgaste, con momentos de gran tensión tanto interna (con algún intento, por parte de unos pocos, de instrumentalizar las reivindicaciones con otros fines) como frente a la Consejería de Justicia, pero que, finalmente, ha servido hasta ahora para obtener una subida acumulada del 50% en las retribuciones durante los dos últimos años, aumento que, resalta él, no se ha alcanzado en ninguna otra comunidad.
Que nadie dude que tanto Sergio Herrero como su equipo seguiremos luchando contra cuantos muros se pongan por delante para seguir obteniendo cuantas ventajas sean posibles.