J. M. CEINOS
Oculta de la vista, en el subsuelo entre la plaza del Padre Máximo González y el Museo del Ferrocarril, debajo de un jardín, se encuentra una de las «joyas» del sistema de saneamiento de Gijón: el pozo o depósito de aguas de tormenta, inaugurado el día 11 de junio de este año. Costó 12 millones de euros.
Aunque su construcción no estaba incluida en el plan integral de saneamiento de Gijón de 1991, que aún está por rematar con la construcción de la estación depuradora de aguas residuales de la cuenca este, en la zona de La Ería del Piles, el depósito de El Natahoyo está concebido para evitar vertidos a la mar, especialmente durante los veranos, para preservar la calidad de las aguas de baño en la bahía local.
El depósito de tormentas de El Natahoyo, aunque había entrado en funcionamiento de forma esporádica en meses anteriores, pero con un almacenamiento de cantidades inferiores a los 2.000 metros cúbicos de agua, tuvo su «puesta de largo» el pasado día 1 de noviembre, festividad de Todos los Santos.
«Fue cuando a las cuatro de la tarde comenzó a llenarse el nivel superior rebasándose y vertiendo al inferior. A las cinco de la tarde se habían almacenado 3.000 metros cúbicos de agua en el nivel inferior y otros 2.000 metros cúbicos en el superior», explicaron fuentes de la Empresa Municipal de Aguas (EMA).
Con un diseño simple, pero efectivo, el pozo de tormentas de El Natahoyo sirve a la llamada cuenca centro de Gijón. En total, tiene una capacidad de 26.300 metros cúbicos de agua, repartidos en dos niveles. El superior admite almacenar hasta 3.700 metros cúbicos, y el inferior hasta 22.600 metros cúbicos. «El momento de mayor retención de agua fue entre las nueve y las once de la noche» del 1 de noviembre, «cuando había retenidos 8.700 metros cúbicos de agua en el depósito inferior y 2.000 metros cúbicos en el superior», explicaron las citadas fuentes de la EMA.
El funcionamiento de la instalación, una «catedral de la lluvia» por sus proporciones, es simple. Los colectores de las calles de Rodríguez San Pedro y del Marqués de San Esteban llevan las aguas residuales de la cuenca centro de la ciudad. Ambos se unen en el canal del pozo de tormentas hasta llegar a la estación de bombeo situada a escasos metros. La función de dicha estación es impulsar las aguas residuales hasta la planta de pretratamiento de Jove y, desde allí, a la depuradora de Aboño.
Pero cuando los caudales que atraviesan el pozo de tormentas superan la capacidad de las bombas de las aguas residuales (1.200 litros por segundo), comienza el llenado del depósito superior. Si una vez llenado este depósito sigue entrando agua, es cuando, por gravedad, el agua se precipita al inferior, con lo cual la red de saneamiento no entra en colapso y la estación de bombeo de El Natahoyo puede seguir operando con normalidad. De otra forma se tendrían que hacer alivios a la mar.
El 1 de noviembre «se evitó el alivio de más de 11.000 metros cúbicos de agua», señalaron desde la Empresa Municipal de Aguas, y, posteriormente, «el pozo fue desaguando, pero volvió a llenarse el día 2 de noviembre, cuando a las siete de la tarde había retenidos 16.340 metros cúbicos, desaguando posteriormente hasta que el día 3, a las nueve de la noche, quedó vacío».
El día 5 de noviembre empezó a llenarse el nivel superior del pozo de tormentas a las siete de la mañana, llegando a almacenar 3.270 metros cúbicos a las cinco de la tarde, mientas que los días 6, 7 y 8 de noviembre «los niveles oscilaron, almacenando varias veces en torno a 1.000 metros cúbicos que, posteriormente, se reintrodujeron a la red de saneamiento», según los datos facilitados por la EMA. El depósito superior se vacía por gravedad hacia el colector de la calle de Rodríguez San Pedro, mientas que para desaguar el inferior es preciso bombear las aguas.
El día 5 de noviembre, aunque hubo una mayor precipitación que los días 1 y 2, la lluvia del día 1 de noviembre «fue más intensa, por lo que hubo necesidad de retener más agua», mientras que los otros días, al ser más continua se pudo evacuar mejor por la red de saneamiento».