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-¿Hay voluntad política para la integración en la Universidad?
-Honestamente, creo que sí. Las instituciones son conscientes de la pérdida que supondría para la ciudad y para la región que no hubiera título de grado de Trabajo Social. A la hora de tomar medidas, las instituciones están centradas en el cortoplacismo.
-¿Listos para Bolonia?
-Va a ser un cambio muy importante para todos y tardará un tiempo en consolidarse. El modelo de aprendizaje también va a ser muy diferente. En cualquier caso, son retos apasionantes.
-¿Su integración en la futura Facultad de Ciencias Sociales de la Laboral les supone algún inconveniente en este proceso?
-Hay un componente emocional, pero los cambios son obligados y en ciertos momentos, positivos. Hemos sido una escuela itinerante, pero hemos estado siempre solos. Eso ha hecho al alumnado más cerrado en sí mismo y, desde la llegada a la Laboral, hay un flujo de relaciones con la Escuela «Jovellanos».
-Usted es una abanderada de las políticas de género. ¿Qué queda por hacer?
-En general, hay una gran sensibilidad en toda España, y en Gijón nos encontramos un poco en la avanzadilla del feminismo institucional. Se ha logrado visibilizar el problema que existía, introduciendo las cuestiones de género en la agenda política, pero la crisis también está afectando.
-¿En qué sentido?
-Cada gran crisis económica ha generado un cambio en el modelo de cuidados y la distribución de las relaciones entre hombres y mujeres, convirtiéndolas a ellas en sujetos pasivos de ese cambio. Un dato que me llama la atención es que en la nueva Comisión Europea sólo hay tres mujeres de los 27 o 28 comisarios a elegir. En épocas de crisis, si no se está muy atento, se retrocede, porque tiende a potenciarse el trabajo masculino, y hay una vuelta de las féminas hacia la etapa anterior.
-Ministerio de Igualdad, ¿sí o no?
-Estando de acuerdo en que exista, también hace falta que haya mujeres en puestos clave, porque eso tiene un impacto importante en la población. Cuando yo era niña en las calles no veías nombres de mujeres. O eras santa o reina, si no, no tenías calle. No había imágenes o figuras femeninas. Hoy, si le preguntas a una niña que quiere ser de mayor, por qué no va a decir: «Yo, presidenta». De 35 años para abajo, trabaja el 76 por ciento de las mujeres de España. El tema para dar la batalla es ver cuántas de ellas llegan a puestos clave.
-¿Se han volcado todos los esfuerzos en la erradicación de la violencia de género?
-Yo creo que es porque tiene mayor visibilidad el trabajo en ese campo pero hay otras muchas políticas que se están haciendo más por debajo, como la educación, que a largo plazo va a tener más impacto. Niños y niñas deben saber que el mundo se abre ante ellos en igualdad de condiciones, cosa que hace 40 años no existía.
-¿Cuál es el reto para el próximo 25 de noviembre?
-La violencia hacia las mujeres inmigrantes. Estamos iniciando una investigación sobre la situación de las mujeres nacidas fuera de España, donde existe una tasa de víctimas mucho mayor que entre las mujeres españolas. También registran una tasa más elevada de abortos de lo que les corresponde por edad. Por eso en estos momentos es un reto importante no retroceder en lo que hemos conseguido e incorporar a nuestros logros a las mujeres que vienen de fuera.
-Proyectos para este curso.
-Uno de los grandes retos es el congreso de las escuelas de Trabajo Social de España, centrado en el derecho a la ciudad, desde un punto de vista positivo y vinculado al derecho ciudadano a la felicidad y a la vida cotidiana.