R. VALLE
La sombra de la tatayuba se deja sentir sobre el mosaico de Bernardo Sanjurjo. Ayuntamiento y vecinos se han enfrentado a los posibles problemas de deslizamientos generados por el pavimento ornamental diseñado por el artista asturiano en la calle de Palacio Valdés (la popular Acerona) y el entorno de El Humedal. Tienen muy presente en la memoria las decenas de reclamaciones de responsabilidad patrimonial que presentaron los gijoneses por culpa de aquella madera exótica que tenía una presencia singular en el «parque isla» que el arquitecto Fernando Nanclares ideó en 1998, para crear una nueva estética en una plaza de Europa reconvertida en corazón verde del casco urbano.
Una década después de los resbalones de la tatayuba, el gobierno municipal ha decidido adelantarse a las caídas, y a sus consecuencias sobre las arcas municipales, ordenando abujardar las piezas de mármol y granito que conforman el mosaico de Bernardo Sanjurjo para hacerlas más seguras a los caminantes. Las lluvias sobre el tramo ya abierto al público al final de la avenida de Portugal demostraron que el tratamiento antideslizante dado a la obra no era suficiente para frenar los desequilibrios de los paseantes. Y eso pese a que, tanto desde las concejalías de Urbanismo como de Mantenimiento Urbano, se aseguró una y mil veces que estaba «garantizado». La Policía Local optó por acordonar la zona en los momentos de más lluvia y el gobierno de Paz Fernández Felgueroso dio un paso más hace unos días al ordenar pasar la lijadora. Menos brillo y más seguridad era la consigna a seguir.
También falló con la tatayuba un tratamiento antideslizante especial para madera. Igual que fue un fracaso la opción de rayado de cada una de las tarimas. Cansados de soluciones que no evitaban las caídas de los paseantes, el Ayuntamiento se decantaba, tres años después de la inauguración de la plaza, por quitar la madera de los paseos centrales del parque. No ha tenido suerte la tatayuba en sus relaciones con Gijón. Una de las ideas municipales del anterior mandato era reutilizar parte de las tablas retiradas de la plaza de Europa en el acondicionamiento de nuevos bancos para una reformada plaza del Instituto (Parchís). A día de hoy, nada de nada.
El «marrón» político de la tatayuba se lo comió de lleno quien era en aquellos momentos concejal de Medio Ambiente, el veterano socialista Carlos Zapico. La responsabilidad sobre el mosaico de El Humedal se lo reparten por ahora los socialistas Pedro Sanjurjo y Manuel Faustino García «Tino Venturo». Hay que tener en cuenta que esta obra, y los 300.000 euros de coste, se integran dentro de una partida de tres millones de euros para arreglos de pavimentos de toda la ciudad, cargada al Fondo Estatal de Inversión Local, el denominado «plan Zapatero».
Para el PP, el caso resulta más sangrante si se tiene en cuenta que el Ayuntamiento contrató aparte a una ingeniería para que hiciera un control y seguimiento de todas las obras de esta partida presupuestaria. El mosaico de Sanjurjo es el proyecto más singular y de mayor cuantía. Ese contrato a la Sociedad Asturiana de Ingenieria y Medio Ambiente se adjudicó en unos 45.000 euros (impuestos incluidos). El artista se lleva otros 30.000 euros por su trabajo personal y de control de la obra artística.
El «parque isla» de Europa
Fernando Nanclares definió como «parque isla» el diseño que realizó en 1998 para cambiar la estética de la plaza de Europa, dando unidad a los viejos jardines de Juan Alvargonzález y el parque infantil. La elección de la tatayuba para hacer los paseos interiores tenía mucho que ver con la dureza de esa madera y su capacidad de simular pantalanes junto al lago, que daba frescor al parque. No hubo suerte. Ninguno de los tratamientos elegidos evitó que muchos paseantes acabaran con sus huesos en el suelo y con una denuncia ante el Ayuntamiento por responsabilidad patrimonial.
Arte de segunda oportunidad
El artista asturiano Bernardo Sanjurjo diseñó hace ya quince años un pavimento ornamental para la popular Acerona gijonesa. El paso del tiempo y el mal resultado del material elegido dejó la obra sin color y a los viandantes sin la sensación de que el arte acompañaba sus pasos. El Ayuntamiento vio en el dinero del «plan Zapatero» una oportunidad de recuperar la obra de Sanjurjo. El creador optó en esta ocasión por mármol y granito para garantizar el futuro de su trabajo. El fallo en un tratamiento antideslizante generó la alarma de posibles caídas.