J. L. A.
Grimaldi, la naviera italiana que se ha hecho -junto a la francesa Dreyfus- con la autopista del mar que enlazará El Musel con la dársena de Nantes-Saint Nazaire, en la fachada occidental gala, tiene ya lista la estructura necesaria para el funcionamiento de la nueva conexión. « Ya está montada; desde el punto de vista operativo mo habrá problema», manifestó su consejero delegado en España y director de logística, Mario Massarotti.
La naviera tiene en fase de estudio la comercialización de la autopista del mar, un trabajo pendiente de la ratificación por parte de los Parlamento de España y Francia de una conexión que tiene unas subvenciones de 30 millones por parte de ambos países. La conexión, que, previsiblemente, entrará en servicio en el primer trimestre del próximo año, debe obtener, además, el visto bueno de la Comisión Europea. El Gobierno de Zapatero ya autorizó la línea a finales del pasado mes de octubre.
Massarotti explicó ayer ante representantes de la pequeña y la mediana empresa, en El Musel, el trabajo de Grimaldi, una naviera fundada en 1947 y con gran experiencia en el transporte marítimo de corta distancia. Un ejemplo son las conexiones entre los puertos españoles e italianos del Mediterráneo. La empresa enlaza 120 puertos de 45 países y facturó en 2009 un total de 2.400 millones. «Tener tarifas portuarias competitivas es fundamental para el éxito de una línea», advirtió el directivo de Grimaldi, convencido de la apuesta por la autopista del mar. La naviera movía en 2001 un total de 20.000 camiones, mientras que este año cargará 250.000 vehículos.
Para Massarotti, las ventajas de las autopistas del mar son claras porque evitan, en los casos de Francia, Italia y España, los pasos de los Alpes y los Pirineos. Hay, a su juicio, algunas «amenazas» que atajar: la burocratización portuaria o la falta de espacio logístico.