FRANCISCO GARCÍA
Si los incurables no tienen cura, los que no tienen cuna son incunables. En sentido demográfico, Asturias se está llenando de incunables; o dicho de otra forma, se vacía de «cunables», ya que apenas nacen niños que mecer. Si se cumplen las agoreras predicciones del INE, dentro de una década habrá en esta región 11.500 octogenarios más y 4.000 niños menos. Se dice que algo se encuentra en pañales cuando parece presto a iniciar su andadura; cuando un proyecto, aunque inmaduro, comienza a ser, como el retrasadísimo plan de vías. Ojalá esta región anduviera en pañales, pues sería señal de que el porvenir depende más de los prefijos que de los sufijos, de la primera edad que de la tercera. La pirámide de población asturiana va camino de perder su esbeltez geométrica para asemejarse a un embudo boca arriba. Tan envejecida se ha tornado la senda vital de esta región que cualquier año de éstos Hacienda nos pasará la declaración de la renta no con el «programa Padre» sino con el «Abuelo».