M. C.
Se la dio con queso a sus acreedores y ahora eso puede costarle la cárcel. Al menos eso es lo que pretende el fiscal, que pide tres años de prisión para O. C. G. F., vecino de Gijón de 59 años, propietario y administrador único de la constructora Procuesa. La empresa quebró de forma fraudulenta en 2000 con un pasivo de 101 millones de pesetas (606.000 euros), después de que el empresario hubiera alimentado la insolvencia de la compañía mediante la compra de quesos por valor de 132.401,18 euros.
La constructora no llegó a hacer efectivo el pago de los quesos ni ingresó dinero alguno por su venta. El queso era comercializado por terceras empresas, mientras que Procuesa soportaba el incremento de la deuda y del número de sus acreedores, según relata la acusación del fiscal.
En junio de 2005 la quiebra de la empresa fue declarada fraudulenta, con una deuda con los acreedores de 450.836,56 euros. Ahora el empresario se enfrenta a las consecuencias penales de un delito de insolvencia punible.
El fiscal relata que el acusado adquirió la empresa en 1998 y sólo un año después el pasivo ya alcanzaba de los 101 millones de pesetas referidos. Además de no llevar los libros contables conforme marca la ley, «se pudo comprobar que el acusado propició y favoreció durante los años 1998 y 1999 la falta de liquidez de la empresa y el incremento de la deuda contraída, efectuando compras de quesos» a tres empresas, a pesar de que el objeto social de Procuesa era la construcción y promoción de viviendas.
La vista oral se celebrará el próximo miércoles en la sección octava de la Audiencia Provincial, en Gijón.