C. JIMÉNEZ
Una empresa de economía social, las llamadas sociedades laborales, marcadas por su carácter participativo, tiene más aguante en tiempos de crisis porque su flexibilidad interna es mayor, concluye un estudio del Instituto Universitario de Tecnología Industrial de Asturias (IUTA) dirigido por el profesor Jorge Coque junto con los docentes del área de Administración de Empresas Enrique Loredo y Nuria López. El informe también constata que no todas las empresas son reflotables, sino que es preciso analizar muy bien su contexto para emprender el relanzamiento. «Hace falta liderazgo interno», sostiene Coque.
El documento recoge, además, un mensaje para todos aquellos que se lancen a poner en práctica sus ideas de negocio: «Ser empresario no es ninguna tontería. Afortunadamente, en Asturias se ha superado el mito de ser funcionario, la cultura emprendedora va calando, pero es necesario trabajar en equipo», subraya el investigador principal del proyecto. Partiendo del análisis de empresas como Covemym, Crady, Fundiciones Veriña, Talleres Principado, Unión Ibérica de Soldadura y los colegios Principado, San Lorenzo o San Luis, que vivieron en sus propias carnes la gran reconversión industrial de los ochenta, los investigadores realizan un diagnóstico sobre los éxitos y los fracasos de aquella época. Así, proponen erradicar el excesivo intervencionismo del Estado y de los sindicatos en el reflotamiento de algunas empresas, así como el asambleísmo permanente, que derivó en «luchas de poder».
Como ejemplo de buenas prácticas presentan a la sociedad de autobuses Alcotán, que, gracias a «una gestión participativa y abierta», pudo volver a ser competitiva. Del otro lado se sitúa Crady, «ejemplo de un proceso de recuperación mal llevado», según Coque y Loredo, por el excesivo intervencionismo de los agentes externos. «La situación de partida era mala: tenían mucho personal y un producto tecnológico poco avanzado», explican los investigadores, quienes, no obstante, valoran su integración en el grupo Temper para salvar aquel fracaso.
Y de vuelta al presente, los investigadores del IUTA coinciden en que esta crisis es más grave que la de los ochenta, porque entonces «las empresas tuvieron mejor acceso al crédito que ahora». A ello se suma el desarrollo de la ley concursal, «ineficiente», a juicio de Loredo, porque no sólo representa una quiebra, sino que va dejando otros muertos por el camino.
El proyecto, desarrollado en colaboración con la Fundación de Economía Social y ASATA, está financiado por el Ayuntamiento gijonés. Pretende dar respuesta a las necesidades del entorno empresarial más próximo y se presenta como un manual de buenas prácticas paras aquellas empresas que se vean abocadas al mismo proceso que otras vivieron en los ochenta. «Quienes sobreviven, saldrán reforzados», concluye Loredo.