MARCOS LEÓN MARCOS LEÓN
Eloy MÉNDEZ
Lavandera no parecía ayer Lavandera. Pocas veces al año la parroquia acoge una multitud como la que se congregó para despedir al soldado Iván Castiello, asesinado a puñaladas el viernes por un compañero en la Escuela Militar de Montaña de Jaca. Y también pocas veces el silencio se impone sobre la vida cotidiana del pueblo de una manera tan aplastante. «Lo más difícil ahora es saber perdonar», aseguró el sacerdote José Luis Montero durante su homilía, ante la mirada perdida de los familiares del soldado, de 27 años, que llenaban los primeros bancos de la iglesia. Un poco más atrás, los cuatro jóvenes uniformados que habían acercado el ataúd hasta el altar aguantaban el dolor con rostro impertérrito junto al coronel Julio Herrero, director del cuartel en el que murió Castiello. «Era un hombre excepcional», dijo el alto mando nada más abandonar la iglesia.
En el templo, el gentío apenas notaba el intenso frío que atenazó durante todo el funeral a las decenas de fieles que no pudieron acceder al interior. «Estar con la familia es lo único que podemos hacer en estos casos», aseguró el concejal Manuel Faustino García, «Tino Venturo», que acudió en representación municipal al sepelio horas después de que la alcaldesa, Paz Fernández Felgueroso, enviase un telegrama de condolencia a una de las tías de Castiello. «Lo único que nos queda es amar a Dios por encima de todas las cosas y aprender también a amar al prójimo», decía el cura mientras en la puerta varios jóvenes enumeraban sus recuerdos de infancia junto al soldado.
Cuando al finalizar la misa los cuatro militares trasladaron el féretro hasta el vecino cementerio, alguien hizo un comentario sobre lo «injusto de la vida» al ver pasar a los dos hermanos de la víctima, con cara desencajada y ojos enrojecidos. Junto a ellos se congregó ante el nicho el nutrido grupo de compañeros del joven que, vestidos de paisano, llegó ayer a Gijón desde Jaca. «Era un gran chaval, una persona muy querida por todos y por mí el primero», decía Wilmer Aldás, natural de Ecuador, para negar conflictos permanentes entre sudamericanos y españoles dentro del cuartel, pese a que el presunto asesino de Iván es un venezolano «que siempre buscaba problemas».