MARCOS LEÓN
R. V.
«O todos los vecinos de El Coto son como Miguel Indurain o el tráfico en la avenida de Ramón y Cajal se va a ralentizar al ritmo de un ciclista». El concejal popular Pablo Fernández utilizaba ayer esta ironía para criticar el diseño del carril-bici en el plan de renovación de esta importante vía de comunicación de la ciudad. El PP denuncia que el itinerario ciclista se haya diseñado sobre la misma calzada y no de manera segregada, como, entiende el concejal popular, debe ser una auténtica vía de uso para ciclistas en la ciudad. «Pintar en el suelo dos líneas no es tener un carril-bici», sentenció Fernández en referencia también al itinerario cicloturista del paseo del Muro.
Pero ahora las críticas del PP se centran en la vía de El Coto, en obras dentro del denominado «plan de avenidas» del Ayuntamiento de Gijón. «Primero se nos dijo que Ramón y Cajal no podía tener un carril-bici por motivos de seguridad y ahora vemos que se pone en la calzada por donde va el tráfico. ¿Para qué se hacen los estudios? ¿Para que luego Sanjurjo haga lo que le da la gana?», indicaba ayer Fernández en referencia al concejal socialista del área de Urbanismo. Al que también criticó que «no hubiera hablado con su compañera la concejala Begoña Huergo, porque esto Tráfico no lo hubiera consentido».
El PP entiende que es necesario que exista un carril-bici segregado por lo menos en la dirección ascendente de la avenida, para evitar que ciclistas y automovilistas entren en conflicto. «Y lo pedimos ahora que está en obras, para que no pase como con la tatayuba o los mosaicos, que luego tienen que poner parches», indicó en referencia a los fallidos paseos de madera de la plaza de Europa y el pavimento artístico de Bernardo Sanjurjo, en la Acerona. El PP considera que hay espacio para este carril en el área de aparcamientos que se elimina con el nuevo diseño de la avenida de Ramón y Cajal, que tiene un coste de más de dos millones de euros.
Pablo Fernández ve fundamental limar los inconvenientes de este carril para ciclistas si se quiere seguir apostando en la ciudad por el uso de la bicicleta. «Un carril de este tipo tiene una doble malicia. Por un lado, pone en contra de los ciclistas a los conductores, que verán cómo se ralentiza el tráfico y, por otro, hará que sean los propios ciclistas quienes dejen de usarlo cuando se sientan agredidos por los conductores».