MARCOS LEÓN
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- Y ahí tendrá usted su despacho, con una hermosa silla...
-No, soy el único que no tiene despacho y mi silla suele estar junto a la gente. Mi trabajo es escuchar, básicamente. Y mantener una filosofía común y coherente entre todas las empresas, además de intentar cubrir cualquier carencia de las personas que me rodean, que son pocas. Pienso que la gente que viene detrás de mí es más válida que yo, llega con otro empuje, con ideas nuevas. Yo hago pocas cosas muy mal, y casi ninguna muy bien; luego, es fácil superarme. Mi trabajo es sólo liderar.
-Y desde su perspectiva ¿cómo ve el panorama productivo asturiano?
-Con la necesidad urgente, igual que en toda España, de crear un tejido empresarial asentado en sectores de futuro. Intentan decirnos que hay que cambiar el modelo de país, pero se toman medidas en sentido contrario, como la de reducir el gasto en investigación y desarrollo. El sector que nosotros representamos, el TIC, (Tecnología de Información y Comunicación), es uno de los que puede reflotar la economía de la región y del país. Y sin duda hay otros, relacionados con las energías, sin menospreciar los tradicionales, pero nunca sustentándose sólo en la construcción porque ese modelo se acaba.
-Su experiencia como empresario, ¿qué le ha aportado, además de dinero?
-Satisfacción. Disfruto de cada minuto de trabajo. Mis padres han sido fundamentales, me apoyaron siempre, pero recuerdo las primeras Navidades después de acabar la carrera, mi madre diciéndome que debía de hacer oposiciones, o buscar un trabajo en la Universidad, como mi padre. Hoy todos saben que el trabajo me entusiasma.
-Ideológicamente, ¿dónde está?
-Desde el punto de vista religioso soy creyente, pero poco practicante; discrepo de algunos postulados de la Iglesia, pero en lo fundamental estoy ahí. De otro modo, tengo un compromiso social importante que me hace ser más de izquierdas que de derechas. No estoy de acuerdo con el modelo económico que este Gobierno está adoptando, pero en cualquier caso, a la hora de votar, para mí es más importante la vertiente social que la económica.
-¿A qué dedica su ocio?
-A mi familia, esposa y dos hijos, Miguel y Lucía, les doy el cien por cien de mi tiempo libre. Fuera de eso sigo conservando mi pasión por el fútbol; lo he practicado desde los 5 años a los 20. El equipo de mis amores es el Veriña, aunque en el Sporting jugué a los 18 años, en el equipo sub-19, de defensa. Luego estuve dos años más entre el Gijón Industrial y el Candás, mientras estudiaba la carrera. Al dejarlo, aprobé año y medio en un curso. Amo el fútbol, creo que mucho de mi carácter, de mis valores, se los debo al fútbol. La última lección que aprendí, en el año que estuve en el Sporting, es que cuando uno tiene una oportunidad hay que aprovecharla. Yo no fui futbolista por dos causas; carecía de calidad y soportaba mal la presión. Hoy, esto ya lo domino. Voy al Molinón, sin bufanda, pero sí la lleva mi hijo de seis años.
-Volviendo al trabajo, ¿en qué fase de expansión están sus empresas?
-Desde 2009 estamos en Chile, México, y Argentina, vendiendo productos "Dicampus", a través de nuestros distribuidores. En este sector hay competencia, pero de empresas que no son excesivamente grandes. Nosotros sí podemos competir en grandes cuentas y administraciones públicas. Por ejemplo son clientes nuestros, el METRO de Madrid, el diario MARCA, ADIF, Xunta de Galicia, Junta de Andalucía... Y por supuesto, el Principado de Asturias y el Ayuntamiento de Gijón.
-Tiene que ser usted un referente para la gente joven...
-Me gustaría. Dar confianza a las nuevas generaciones es básico para que encuentren su oportunidad. Tenemos capacidad de cambio. Yo quiero jubilarme a los cuarenta años, ya que conceptualmente, los negocios han de ser tan sólidos que puedan caminar y seguir adelante sin mí.