ÁNGEL GONZÁLEZ ÁNGEL GONZÁLEZ
Eloy MÉNDEZ
Los fieles de la parroquia del Buen Pastor, en el barrio de El Llano, se preparan para la mudanza más importante de su historia. Tras más de tres décadas en unos bajos de la calle Progreso, número 41, el próximo otoño estrenarán la nueva iglesia ubicada en un solar entre las calles Periodista Francisco Carantoña y Miguel Servet. Las obras exteriores del nuevo templo están prácticamente concluidas y ahora sólo falta acometer los remates interiores. Según el arquitecto del proyecto, José María Cabezudo, todo estará finalizado en verano, por lo que el párroco Juan Hevia confia en que el edificio sea consagrado para el culto «a finales de septiembre o principios de octubre».
«Evidentemente éstas no están siendo unas Navidades más», asegura Hevia, que se hizo cargo del Buen Pastor hace seis años. La inquietud ante el cambio de sede se nota desde hace meses entre los asiduos a las eucarestías y, por eso, el sacerdote no pudo obviar la situación durante la última misa del Gallo. «Hice varias referencias a nuestra futura ubicación, que será el cambio más importante que viviremos desde nuestra fundación», señala. No en vano, esta parroquia que abarca una población de 17.000 ciudadanos y que en el mes de noviembre cumplirá cuarenta años, ha estado ubicada en unos bajos prácticamente desde su creación. Unos bajos poco accesibles para las personas con problemas de movilidad y muy limitados para satisfacer las actividades diarias que acogen.
«Las ventajas en la nueva iglesia serán muchísimas, desde unos mejores accesos hasta la desaparición de inundaciones que, al menos dos o tres veces al año, sufrimos desde hace tiempo», subraya Hevia. Además, considera que «por fin tendremos un edificio que se identificará por sí solo como una iglesia y que, como lugar de culto, será mucho más cálido».
Las obras de construcción, en una antigua finca municipal en forma de martillo que el arzobispado permutó con el Ayuntamiento a cambio de otros terrenos, debían haber comenzado en agosto de 2008. Sin embargo, una conducción de aguas de la Empresa Municipal de Aguas que atravesaba la parcela, obligó a retrasarlas hasta febrero de 2009. «Desde entonces, ha ido todo viento en popa», indica el arquitecto José María Cabezudo. La constructora VIR ha finalizado ya prácticamente el contenedor exterior del edificio, donde sólo falta instalar «algunos aplacados de piedra y varias carpinterías». Incluso hace unas semanas, se colocó la gran cruz que presidirá la torre de hormigón que corona la fábrica de ladrillo. «Lo hicimos el mismo día que el Parlamento Europeo aprobaba que se quitaran los crucifijos de los organismos públicos», dice Cabezudo.
Sin embargo, en el interior aún está todo por hacer. «Ahora estamos ejecutando el presbiterio y ultimando un retablo donde irá una imagen del Buen Pastor», iconografía muy utilizada por los primeros cristianos durante la persecución de los romanos. Cuando se inaugure, el templo principal podrá acoger a 400 fieles y la capilla para misas diarias a medio centenar. «Esperamos ya con ilusión ese momento», asegura el párroco, que estos días festivos recuerda más que nunca «a todos los que lucharon por la nueva iglesia y ahora ya no están con nosotros».