POR JAVIER MORÁN
Poco antes de que finalizara el año que algunos disgustos urbanísticos le ha acarreado, a la alcaldesa Paz Fernández Felgueroso se le escuchó comentar que, de igual modo que ha sido la primera regidora de la villa de Jovellanos, esperaba no ser la última. No vamos a vincular esta sentencia melancólica de Felgueroso con esos desbarajustes del planeamiento gijonés. Es decir, queremos deducir que la Alcaldesa no se considera una persona acabada, ni mucho menos; o que el cierto orden urbanístico de la ciudad, adoptado desde los primeros gobiernos socialistas municipales de la democracia, se termina justo cuando Felgueroso cumplía un decenio al frente del Ayuntamiento.
Pero de algún modo habrá que explicar ese deseo de no ser la última alcaldesa de Gijón. Por lo pronto, vamos a asignarlo al amor propio femenino, un corriente fundamental del socialismo español contemporáneo, que el presidente Zapatero ha elevado a categoría máxima en la organización de su Gobierno, con la paridad rigurosa, o la cremallera perfecta.
Ahora bien, habría que aclarar si este deseo manifestado por la Alcaldesa fue formulado con intención inmediata o remota. Esto es, si Felgueroso piensa que el próximo candidato del PSOE a la Alcaldía gijonesa ha de ser una mujer, o que lo que estima que en algún momento del futuro Gijón contará con otra regidora. Los intérpretes del Felgueroso aseguran que ella se refería a los tiempos venideros en general, es decir, que no mostraba ninguna carta acerca de que su partido esté preparando una candidata, un tapada, cuyo nombre sólo se desvelará cuando 2010 esté bien avanzado. De hecho, sigue pareciendo cabal que el PSOE discernirá entre el imperativo femenino y los mimbres con los que ya cuenta, principalmente el de Santiago Martínez Argüelles, actual edil de Hacienda. Tampoco falta quien estime que el secretario local del partido, José Manuel Sariego -también concejal y primer teniente de Alcaldía-, es el hombre cuyo cuello asomará en algún momento. Otros le ven más bien como hombre de segundo plano, pero especializado en mantener firmes las riendas de formación.
Sea como fuere, a Martínez Argüelles se le nota una sintonía patente con Felgueroso. En el brindis de final de año, junto a los periodistas y demás canallesca que frecuenta las consistoriales, Felgueroso hizo votos por un 2010 de paz y de... amor. Al quite, el edil de Hacienda añadió unas consideraciones muy propias: así como la Economía, en sentido estricto, es «la ciencia que estudia cómo satisfacer las necesidades humanas materiales mediante el empleo de bienes escasos» (RAE), el amor «es infinito», sentenció Argüelles. De modo que el concejal vino a desglosar el deseo de su patrona en el sentido de que conviene esperar de 2010 aquello en lo que la terca y quebrada economía del presente no tenga donde hincar el diente. Es un tipo listo, este Santiago. Que el destino, o el partido, se lo premie.