María IGLESIAS
«Hay dos temas de los que no se habla en Houston: política y religión. Texas no tiene nada que ver con Nueva York o Los Ángeles, estamos hablando del viejo Oeste». Jara Fernández Pastor, ingeniera de producción en una conocida compañía petrolera en Houston (Texas), cambió su barrio gijonés de El Bibio por un trabajo en «el centro energético del mundo».
«El campo de la energía siempre me había resultado muy interesante, y el petróleo, más, por mi formación académica y por el dinamismo de la industria», explica esta joven de 27 años, especializada en la exploración y producción de hidrocarburos. «Ilusionada» con su asignación -«próxima a las aguas profundas del golfo de México»-, Jara hace hincapié en que «nunca llegará el fin del petróleo, aún se estima una gran cantidad de reservas de remanentes por producir, pero hemos de tener claro que el petróleo fácil tiene los días contados». Según advierte, «cada día es más difícil de extraer, lo que conlleva mayores gastos y, por tanto, un aumento del precio del crudo».
Para esta ingeniera, «la forma de vida actual está diseñada por el petróleo» y a pesar de que «sus emisiones de CO2 son superiores a otras fuentes de energía, como la nuclear y las renovables», la ventaja es que «es más barato»; pero ¿existirá algún día un combustible más barato derivado del petróleo? «Los biocombustibles se podrían considerar como una alternativa, pero se necesitaría que el proceso de tratamiento y producción cambiara», explica esta joven gijonesa, que considera que «la evolución de la sociedad hace que cada vez se requiera mayor energía» y «las energías renovables no abastecen el consumo actual en los países desarrollados». La mejor opción de futuro pasa, a su juicio, por la energía nuclear: «Genera mucha alarma social, fundamentada en un desconocimiento de la misma», puntualiza. Además, Jara aboga por el uso del coche eléctrico: «Tendrá mucho futuro», confiesa.
Una de las mayores diferencias que ha notado desde su llegada a Houston es la necesidad permanente del coche. «La idea de dar un paseo para ir al centro aquí no existe. Las ciudades están organizadas de otra manera, un centro de ciudad donde sólo hay oficinas y pueblos residenciales. A diferencia de Gijón, el centro de la ciudad, una vez termina la jornada, está vacío», cuenta.
Lo que más echa de menos de Asturias es «un buen paseo por el Muro, unas parrochinas en el Ayuntamiento con mi familia y mis amigas». Reconoce, sin embargo, que en EE UU ha sido recibida con los brazos abiertos: «Es gente muy amable, difieren mucho de la imagen de americano del Norte, más competitivo y más frío», sentencia.