FRANCISCO GARCÍA
Se dice que Gijón le debe la mar a Dios y el resto a Jovellanos. Y en ese resto cabe incluir el arenal tal como hoy lo disfrutamos, ya que fue el ilustrado uno de los impulsores del muro de contención inicial que se edificó entre San Pedro y Capua para poner freno a los demoledores embates oceánicos. Gijón es una ciudad construida sobre un mar de arena, una villa marítima ganada al litoral. Gijón penetra en el mar por Santa Catalina y el mar penetra en Gijón por cada rendija. Por eso existe en esta ciudad una sensibilidad especial para discernir cualquier modificación, por mínima que sea, por sencilla que parezca, del rellano de su horizonte. Que la playa de San Lorenzo ha perdido arena es un hecho constatable: sólo hay que observar el aspecto actual de las bajamares entre la Escalerona y la escalera siete, donde se adivinan los basamentos de piedra del Muro. Esperemos que retornen las arenas a la playa como las oscuras golondrinas de Bécquer. Lo contrario anuncia galerna.