MARCOS LEÓN ARCHIVO
R. GARCÍA
Los catorce integrantes de la Asociación Cultural Cofradía del Oriciu presumen de ser la primera «cofradía no religiosa» de la ciudad de Gijón. Hace apenas un mes que se constituyeron como grupo formalmente reconocido en el Registro de Asociaciones del Ayuntamiento, pero en ese poco recorrido ya han tomado decisiones en favor de la promoción de un producto que ellos mismos definen «como el más asturiano».
«La idea de juntarnos nació hace ya varios meses. Nos reuníamos siempre para comer juntos en varios restaurantes, pero un día decidimos que teníamos que hacer algo más serio para poder organizar actividades comunes en torno a nuestro producto preferido». El que habla es Alejandro Fernández, secretario de la cofradía y uno de los promotores de esta idea que se miró en el espejo de la peña gastronómica «La Pegarata», de Pola de Laviana. «Nos fijamos en cómo hacían ellos las cosas y decidimos dar un paso al frente también nosotros». Fernández ni recuerda cuándo probó oricios por primera vez, pero este fruto de la mar es «el alimento asturiano por excelencia, porque se comparte y favorece la camaradería y la reunión, acompañado de una botellina de sidra».
Los miembros de esta cofradía están aprendiendo aspectos relacionados con la gastronomía de esta alimento invernal «y sorprendiéndonos de lo que supone el oriciu» señala el presidente del grupo, Alberto Fernández Hortal: «Nos enteramos hace poco de que el oriciu lo comen mucho en Francia y en Chile y estamos estudiando la viabilidad de congelarlo». Se plantean incluso viajar a esos países para conocer facetas del consumo en otras latitudes.
De momento sus próximos objetivos son menos ambiciosos y están mucho más cerca: en Galicia y el País Vasco, dos comunidades que visitan a menudo y en las que ya cuentan con proyectos de hermanamiento «con otras peñas gastronómicas que también tienen el oriciu como argumento culinario».
Están dispuestos también a participar en eventos culinarios en los cuales su principal cometido sería «exportar» el oricio. Planean ya incluso nombrar socios de honor de la cofradía -«aunque aún no tenemos ningún nombre sobre la mesa y nunca mejor dicho»- explica Fernández Hortal; y en instituir varios premios anuales con los que galardonar a aquellas personalidades de la región que se distingan en la defensa de este manjar.
Estos catorce gijoneses de edades comprendidas entre los 30 y los 64 años se jactan además de ser «la primera asociación que recibe un premio antes de estar fundada oficialmente» señala Alejandro Fernández. Se refiere al galardón que les otorgó recientemente la Slow Food de Álava.
El colectivo está abierto inicialmente a cualquier gijonés que quiera sumarse a esta cofradía de exaltación del oricio, un manjar del que Julio Camba escribió que es «un extracto de mar, un hálito de borrascas, una esencia de tempestades. Al primero que uno se toma, la boca no se le hace simplemente agua: se le hace agua de mar con todos los olores y sabores marinos».