FRANCISCO GARCÍA
El Sporting ha hecho un buen negocio con la venta de Míchel al fútbol inglés, balompié insular que está calentando el mercado futbolístico de este invierno gélido. Parece que los hijos de la Gran Bretaña esférica han puesto los ojos en el talento sportinguista, si ahora se anuncia el interés del Wigam por Canella, la otra perla rojiblanca exportable. De unos años a esta parte, el centro de gravedad de la excelencia futbolística europea se ha trasladado del Mediterráneo al Atlántico Norte, de España e Italia, a Inglaterra. Los roles comenzaron a cambiar cuando los ingleses decidieron injertar talento al músculo casi al mismo tiempo que en España le empezaban a inyectar músculo al talento. Y aunque es tarea más dificultosa construir que destruir (ya dijo Di Stéfano que hace falta una carrera de cinco años para levantar un edificio y sólo una piqueta para derribarlo), la millonada de los magnates que aterrizaron en la Premier ha permitido a los ingleses contratar a pujantes arquitectos y delineantes.