FRANCISCO GARCÍA
Cuanto más nos bombardean los científicos con amenazas sobre las nefastas consecuencias del «efecto invernadero» más se empeña el planeta en remitirnos, por vía polar, una cruda ola de frío como la actual. Semejante pedrada de hielo de pesimismo medioambiental obliga a empaparse de una terminología que se les escapa a muchos profanos. Así, hemos sabido que el Protocolo de Kioto no es la forma que tienen los japoneses de comportarse en la mesa; y que los ecosistemas degenerados poco tienen que ver con los lugares que los animales salvajes frecuentan para sus juegos de apareamiento. Con mucho esfuerzo hemos podido entender que la capa de ozono no se fabrica con paño bejarano y que la corriente del golfo no es una descarga eléctrica en el cerebro del conde Lecquio. Y sepa usted, amigo lector, que aunque se derritan los casquetes no habrá problemas para seguir fomentando la natalidad, aunque bien nos vendría, a la vista del paulatino despoblamiento, un calentamiento global.