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Villaviciosa

Carlos V desembarcó en Tazones

En lugar de emparedar la piedra del Cahiz habría que potenciar el recuerdo de un hecho histórico para promocionar el turismo

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Carlos V desembarcó en Tazones
Carlos V desembarcó en Tazones  

JOSÉ ANTONIO MADIEDO ACOSTA
PRESIDENTE DE LA ASOC. ESPAÑOLA DE LA MARINA CIVIL
Hace unos meses, advertía en este mismo diario que las obras que se iban a realizar en el puerto de Tazones podían sepultar la histórica piedra del Cae, sobre la que con toda probabilidad puso pie en tierra Carlos V en su primer viaje a España. Desdichadamente la piedra del Cahiz ha sido emparedada por los bloques que se han tirado contra el espigón de Tazones.

Un desembarco evidente

Existen fundadas razones para afirmar que Carlos V desembarcó en Tazones y que como proclama la tradición popular pusiese pie en tierra española sobre esa simbólica piedra.

Tanto Laurent Vital, improvisado cronista del viaje, como Pierre Boissot y Pedro Mártir de Anglería, que vivieron en aquella época y testigos excepcionales de estos hechos, coinciden en señalar que Carlos V desembarcó en Tazones. También son de esa misma opinión Menéndez Pelayo y otros muchos autores más próximos en el tiempo.

De los primeros, es sin duda Laurent Vital quien aporta el testimonio más extenso y detallado sobre la travesía náutica que Carlos V realiza desde del puerto flamenco de Flessinga (actualmente Flushing) al puerto asturiano de Tazones.

Después de haber realizado un detenido análisis de los relatos de Vital, y una vez realizadas las oportunas ponderaciones de los mismos, he llegado a las siguientes conclusiones:

En primer lugar, carece de fundamento afirmar, como lo hace, entre otros, Cavanilles al referirse al viaje de Carlos V, que «una tempestad lo arrojó a las costas asturianas», puesto que la flota real navegaba con buen tiempo varios días antes de fondear frente a Tazones. Tanto es así que el viaje se prolongó más de lo previsto inicialmente debido no a los temporales, sino a las sucesivas calmas que dejaron flácidas las velas.

En segundo lugar, hay que precisar que la decisión de fondear en Tazones fue tomada por el rey en persona, después de haber escuchado el consejo de los nobles que le acompañaban. En ese momento, la flota real, integrada por 40 grandes barcos y varias embarcaciones auxiliares, se encontraba a unas 20 millas de Tazones y a la vista del macizo del Sueve.

En tercer lugar, una vez que se decide arribar a Tazones se ordena arriar la falúa -embarcación- que había de llevar al rey a tierra, lo que demuestra que se había previsto el desembarco en el mencionado fondeadero.

En cuarto lugar, Vital no deja margen a las dudas en cuanto al punto de desembarco. Después de relatar cómo los lugareños temían por sus vidas cuando vieron aproximarse aquella inmensa flota -para ellos desconocida- y cómo cuando estuvo más cerca sintieron un gran alivio al ver que en las velas lucían imágenes reales inconfundibles y cómo largaron las anclas frente al puerto pesquero y arriaron las velas muy cerca de tierra, prosigue: «Y hecho esto, el Rey, su señora hermana, todas las damas y doncellas y también los grandes dignatarios y señores entraron en esa gran barca». En otras palabras, desembarcaron en Tazones. Su relato continúa: «Y entonces, a fuerza de remos, siguieron hacia tierra».

¿Dónde puso pie en tierra el rey?

Resueltas las posibles dudas sobre el desembarco en Tazones, queda ahora preguntarse si Carlos V puso pie en tierra en Tazones, en un punto intermedio de la ría, en la Villa (Villaviciosa) o quizá saltó a tierra en Tazones y continuó viaje por tierra hasta Villaviciosa.

Pues bien, la respuesta no es sencilla, porque Vital se encarga de complicarla.

Por una parte nos transmite: «Y aunque a un cuarto de legua había una aldea y un puerto llamado Tazones, esto no obstante, no arrumbaron allí, a causa de que era un lugar demasiado malo para alojarse en él tanta gente importante, y a causa de que a dos leguas había una buena villita».

Es evidente que la opción de alojarse en Tazones queda descartada desde un primer momento, pues no era más que una humilde aldea de pescadores. Así lo viene a confirmar, con relativa aproximación, el padrón de Oles y Tazones del año 1578, en el que hay registradas muy pocas personas. Sin embargo, lo que no niega Vital, sino que por el contrario lo afirma, es que varias de las personas que acompañaban al rey pusieron pie en tierra en Tazones y anunciaron la llegada del rey. Algo muy significativo. Éstas son sus palabras:

«Entonces, varios de nuestras gentes, que hablaban muy bien castellano, se pusieron en tierra y anunciaron a los del país la llegada de dicho señor Rey». Este dato confirma que sí pisaron tierra en Tazones. Y, naturalmente, lo harían sobre la piedra El Cahiz o El Cae porque no había otro muelle o atraque practicable en toda la orilla de rada próxima a Tazones. Esa forma de proceder sería la más razonable, puesto que abordar la bocana de la ría con la noche encima, sin práctico, sin cartas de navegación o portulanos fiables, con el rey, varias damas y nobles a bordo, e intentar sortear los bancos de arena del interior de la ría, sin balizar, a base de remos y luchando contra la corriente de marea entrañaba demasiado riesgo.

Es muy significativo también que Vital no dejase constancia en parte alguna de su crónica de que el rey hubiese desembarcado en Villaviciosa o en cualquier otro paraje de la ría. Se limita a precisar que el rey no llegó a Villaviciosa hasta altas horas de la madrugada.

Así pues, habrá que rendirse ante lo evidente y reconocer que Carlos V desembarcó en Tazones, y con toda probabilidad puso pie en tierra sobre la histórica piedra del Cahiz, que lamentablemente ha sido profanada, como lo fueron en su momento los restos del muelle de Huetes, que fue probablemente el primer «puerto» que hubo en Villaviciosa.

Tazones lugar histórico

Celebrar con la solemnidad que merece el histórico desembarco de Carlos V sería una buena forma de promocionar el turismo en la zona. Para ello nada mejor que recuperar y adecuar esa piedra y su entorno, dándole la importancia histórica que merece. En el faro de Tazones, como uno de los lugares desde los que se pudo realizar el avistamiento de la flota real, se debería crear un pequeño museo en el que se muestren maquetas de los barcos que integraban aquella flota, cartas, instrumentos náuticos, vestidos, armas y rutas seguidas. Se debería recrear y potenciar el desembarco, como lo hizo hasta su muerte ese gran personaje que fue Aurelio Nava. Todo ello redundaría en beneficio de Villaviciosa, de Tazones y de toda Asturias.

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