En abril de 2008 Santiago Roura presentaba en la Laboral el último sueño de Indra: instalar uno de sus «software lab» en Gijón. Apenas dos años después, aquella idea se ha hecho realidad y el centro que arrancaba de manera temporal en la antigua sede de Thyssen con 23 personas es hoy «un proyecto plenamente consolidado» que da empleo a medio centenar de universitarios formados en su mayor parte en Asturias. «Nuestra misión es ir allí donde está el talento, que es un bien escaso, y aquí lo hemos encontrado», subraya Roura, quien destaca la «calidad» y «profesionalidad» de los fichajes de Gijón. La satisfacción es recíproca en una plantilla que apenas llega a la treintena y acumula un amplio bagaje formativo en alta tecnología.