Eloy MÉNDEZ
La crisis económica no sólo sacude los bolsillos de los ciudadanos y la contabilidad de las empresas. También modifica el paisaje urbano de las ciudades, como se puede constatar con un simple garbeo por la plaza de Italia. En los últimos meses, casi todos los bajos comerciales del céntrico enclave, en el que nacen calles como Corrida o San Antonio, han cambiado de propietarios o están a punto de hacerlo por el vertiginoso descenso del consumo. Ahora, los nuevos dueños intentan sacar a flote sus negocios en plena recesión y de ellos depende que este punto comercial recobre el dinamismo de antaño.
A finales de octubre, Pablo Arena aceptó el reto de resucitar la vieja cafetería Business, encajada entre las calles Corrida y Salustio Regueral y cerrada por sus antiguos propietarios a principios de 2009. «Hicimos varias reformas y le dimos un toque diferente, aunque decidimos mantener el nombre por el que todo el mundo la conoce», dice el hostelero, que da empleo en su establecimiento a cuatro camareros. Desde el primer momento, supo que llenar las mesas de su local sería complicado «en medio de una situación económica dura» y, además, decidió abrir las puertas en una mala época para los negocios de estas características. «Suponemos que cuando se acerque el buen tiempo venderemos bastante más», señala el empresario, que también regenta varias cafeterías, confiterías y un restaurante en Avilés. «Lo que tenía claro es que quería instalarme en el centro, porque prefiero apostar por lo seguro, aunque sea más caro», sostiene.
En otra de las esquinas de la plaza, la tienda de una franquicia de artículos de regalo apura sus últimas existencias antes de echar el cierre. «Como mucho nos queda aquí un mes», asegura una de las empleadas de La Oca, que abandonará su actividad en un enorme bajo después de varios años de un alto ritmo de ventas. Sin embargo, la situación económica se ceba ahora especialmente con este tipo de comercios, dedicados a despachar productos que no son de primera necesidad. Por el momento, ninguna empresa ha firmado el contrato de alquiler del enorme local.
Enfrente, la sociedad familiar Mundo Goloso, con tiendas en León, Gijón y Avilés y propiedad de María del Carmen Carpintero, afronta su tercer mes de actividad, con resultados «esperanzadores». La campaña navideña ha dejado un saldo positivo en este negocio de chucherías y regalos, aunque para su encargada, Rosa de la Vega, «todavía es pronto para hacer un análisis global». «Decidimos abrir aquí porque buscamos espacios de paseo para ubicar nuestras tiendas», dice en el interior del local, antiguamente ocupado por un supermercado de la cadena local Oblanca, declarada en quiebra hace medio año.
Tras la tormenta económica, sólo dos sucursales bancarias y un comercio de dos plantas ocupado por la mayor cadena española de librerías han conseguido capear el temporal en la plaza de Italia, un pequeño lugar de paso que representa a la perfección el desastroso balance que deja 2009 para las pequeñas y medianas empresas de la ciudad.