FRANCISCO GARCÍA
La pasarela de la crisis se muestra en toda su desnudez en Gijón cada martes y cada jueves, a las seis de la tarde, en los locales de la Asociación de Voluntarios Vicencianos, en la calle de La Caridad. En ese habitáculo un grupo de animosas mujeres le cosen zurcidos al traje de la economía maltrecha de este invierno crudo y frío para arropar a los que más sufren. Muchas veces pasa desapercibido el trabajo ingente de personas de carne y hueso, con nombres y apellidos, vecinos nuestros, gente con la que nos cruzamos cada mañana en la escalera y que dedica buena parte de su tiempo libre al servicio de los necesitados. La verdadera ley de dependencia es que cada día dependemos más, como sociedad, de la labor abnegada de personas generosas como estos voluntarios de San Vicente, que no dan puntada sin hilo para alcanzar a recaudar unos euros de solidaridad textil y que prestan abrigo, de forma desinteresada, a aquellos a los que la vida les ha cosido un siete a la espalda.