J. J.
Hace pocos años que se puso en marcha, pero la Asociación Asturiana de Terapias Ecuestres ya forma parte de la vida cotidiana de decenas de personas que obtienen beneficios de salud gracias al trato con los caballos. Afectados de patologías neurológicas, parálisis cerebral, autismo, Asperger, síndrome de Down, distrofias musculares y niños que sufren otros problemas de índole social, como retrasos madurativos y psicomotrices o problemas sensoriales con la vista y el oído mejoran gracias a esta terapia.
La asociación tiene una década de experiencia y desde el curso 2007-08 desarrolla sus actividades en el Club Hípico Astur de Gijón. En la actualidad cuenta con 40 alumnos cuyas familias están integradas en asociaciones como las gijonesas Alarde, Adansi, Asperger, Asempa, Ángel de la Guarda, Colegio Especial de Castiello; las ovetenses Ángel de la Guarda o Colegio de Educación Especial de Latores; Emburría de Cangas de Onís o Nora de Siero.
Ketty Vives, profesora de Educación Especial y responsable de este programa, explica que la terapia con caballos «es totalmente beneficiosa; se basa en aprovechar los movimientos de estos animales para tratar diferentes problemas físicos y psíquicos de los enfermos, con la ventaja de que ellos en todo momento se lo toman como un juego, algo novedoso que les gusta mucho, y se olvidan de lo tediosas que pueden llegar a ser las sesiones habituales de terapia a las que están obligados a someterse para ganarle tiempo y calidad de vida a la enfermedad».
Para poder participar en estas terapias el único requisito es que un médico certifique que este tipo de prácticas no suponga una rémora para la discapacidad sufrida. Uno de los principales fines de la terapia ecuestre es la integración social. Esta actividad permite trabajar en ese ámbito, ya que mientras los participantes realizan su terapia están en contacto permanente con el resto de las escuelas y con personas de muy distintas edades que los animan y apoyan, y que les ayudan a ser los protagonistas de este programa.
Los responsables de la terapia llevan a cabo en primer lugar una valoración del alumno, a través de la información que aportan los padres y los médicos. Esta primera etapa de contacto es esencial para llevar a cabo una programación y objetivos adecuados a cada alumno. La primera actividad que se realiza es el contacto directo con el caballo. «Es fundamental que se acostumbre a él, que lo cepille, lo prepare para su clase, le dé de comer...», explican los responsables de este programa. Inicialmente no se trabaja con silla, sino con cinchuelo, lo que favorecerá la correcta posición del cuerpo sobre el caballo y permitirá percibir con más intensidad el trabajo muscular. «Algunas veces y dependiendo de la estimulación que necesite el alumno se podrá recostar sobre el lomo, sentarse al revés mirando a la grupa?», añaden.
Para el alumno, los ejercicios se convierten en una actividad deportiva y recreativa que lo divierte y estimula. «El enfermo hace terapia lejos de la mesa del médico, del ambiente del hospital; se mantiene entretenido y atento a todo lo que pasa a su alrededor». Sin darse cuenta, su sistema nervioso central trabaja plenamente. Y los avances llegan.
Con los cambios de dirección, velocidad, ritmo, amplitud y posición del cuerpo en movimiento rítmico encima del caballo se estimula el cuerpo en equilibrio, se reducen los miedos al movimiento y se desarrolla el sentido del espacio y equilibrio.
«A un niño que se mueve en silla de ruedas, montar le permite no sólo poner en movimiento esos músculos que antes estaban dormidos, sino mirar por encima de sus semejantes, lo que estimula en gran medida su autoestima. El caballo nunca los va a cuestionar, ni los va a dejar a un lado por la problemática o su discapacidad. Ellos "crecen" al ver que son capaces de controlar y llevar un animal tan grande. El caballo sabe demostrar el afecto que ellos le dan, es un terapeuta nato», explica Ketty Vives.
Los especialistas reconocen que los beneficios que se pueden conseguir con esta terapia «son infinitos», y aluden a la mejora de la autoestima, la capacidad de atención, el trabajo con la memoria, el vocabulario y la construcción de frases correctas; disposición de hablar, el equilibrio..., además de fortalecer la musculatura, mejorar la capacidad de relajación muscular, aprender a ser responsables, a cuidar del caballo, a relacionarse con personas que no son de su entorno familiar, conocer y aceptar sus miedos...
Los cursos se desarrollan de lunes a jueves, de 16.00 a 20.00 horas, y sábados y domingos, de 15.00 a 20.00 horas. Sacar adelante este tipo de terapias es costoso porque con cada alumno generalmente es necesaria la presencia de más de un especialista. La asociación cuenta en estos momentos con monitores de equitación, fisioterapeuta, terapeuta ocupacional y educador especial. Varias entidades y empresas colaboran con la asociación, lo que permite abaratar los costes. Cajastur, Caixanova, El Molín de las Xanas o Asesoría Humedal son algunas de las firmas que apoyan esta iniciativa.