J. L. ARGÜELLES
Treinta y nueve días después de que su barco arribara averiado a El Musel, los once marineros turcos abandonados a su suerte en el segundo espigón del puerto gijonés tienen, por primera vez, una solución a su enquistado problema. Podrán cobrar los tres meses de salarios que les adeuda el armador del buque y regresar a su país, el objetivo por el que han luchado hasta ahora.
Esta alternativa, que parece satisfacer a los marineros después de semanas de incertidumbre, que coincidieron con la celebración de las fiestas navideñas, se cerró ayer después de una larga negociación, según explicó a este diario la abogada Luz Baz, inspectora de la Federación Internacional de Trabajadores del Transporte (ITF) en representación de UGT. El acuerdo pasa por que la empresa francesa fletadora de la carga del «Civra», 7.500 toneladas de grano con destino a la dársena siria de Tartous, abone los salarios pendientes de cobro y el armador contrate una nueva tripulación, capitán y jefe de máquinas incluidos, que se haga cargo del buque.
Parte de esta dotación ya está en Gijón, a la espera de las órdenes para hacerse cargo del «Civra», según pudo saber este periodista. Lo harán cuando los once marineros abandonen el buque para regresar a Turquía. Ayer sólo esperaban el cobro de sus sueldos atrasados para poder sacar el billete de avión.
Luz Baz mostró su satisfacción por la resolución de un conflicto que se presentaba complejo. Hay experiencias de tripulaciones abandonadas a su suerte durante meses, alguna en el puerto de Avilés. Son situaciones que, según relató la abogada, empiezan a proliferar como consecuencia de la crisis económica.
Otras fuentes portuarias consultadas indicaron que aún pueden producirse nuevas complicaciones. Y es que el «Civra» acumula una deuda, en concepto de tasas, por su estancia de casi cuarenta días en El Musel. La clave de toda la operación está en que el buque pueda entregar su carga en Siria, lo que permitiría cobrar a todas las partes implicadas. Urge, además, que el barco se haga a la mar porque la carga de grano lleva muchos días en los muelles de la terminal gijonesa.
Para poder zarpar, el «Civra» necesita hacer varias reparaciones sin las que Capitanía Marítima será imposible que deje a la nueva tripulación hacerse a la mar. El carguero salió del puerto francés de Rouen, capital de la Alta Normandía, el pasado 19 de noviembre. Tardó nada menos que veinte días en hacer la travesía entre la dársena gala y El Musel, un trayecto que en condiciones normales se hace en tres o cuatro días.
El primer oficial del «Civra», Cagdas Konusur, relató que se vieron obligados a navegar pegados a la costa, con un gran gasto de combustible y a echar el ancla en El Musel. Varios de los tripulantes, entre ellos el capitán, pidieron dinero a sus familias y regresaron a Turquía. «Nos sentimos solos», declaró Konusur en vísperas de la Nochevieja, según publicó este periódico. Representantes de la Cruz Roja acudieron al barco para surtir a los marineros con frutas y verduras. Los alimentos frescos se les habían podrido por las averías de la nave, entre otras las de los aparatos de refrigeración.
El «Civra» aún deberá permanecer amarrado en El Musel hasta que no esté en condiciones técnicas para navegar. Así lo exige el Memorándum de París (MOU), el acuerdo internacional que suscribió España para garantizar la seguridad de tripulaciones y barcos.