FRANCISCO GARCÍA
A la chita callando, sin grandes alardes tipográficos, las chicas del Biesca siguen escribiendo páginas de éxito en su anuario deportivo. Perdieron a Natasha Lee, la mejor jugadora del mundo en hockey sobre patines, que ahora milita en el feroz rival catalán, el Voltregá, el club señero de una ciudad donde este deporte lleva décadas yendo sobre ruedas. El domingo, las chicas del Biesca se enfrentaron de una tacada al presente (el potente y reforzado Voltregá) y a su pasado (Natasha vistiendo otra camiseta) y demostraron, con una sobresaliente victoria en campo ajeno, que el futuro se escribe con las letras de molde de un equipo que funciona con la precisión de un reloj suizo. Se trata sin duda de un grupo irreductible que tiene su mayor virtud en deslizarse sobre la pista como una orquesta bien afinada donde cada instrumento es vital para componer la sinfonía del triunfo. Salvo que la batuta es un stick y el esmoquin, un pertrecho de cascos, protectores y espinilleras.