J. C. GEA
Una cosa es que haya motivos objetivos para sentirse importunado y otra la proporción real de la ofensa y la respuesta dada. Por ejemplo, los populares agraviados por el laborioso edil Venturo tienen razón al sentirse prejuzgados por el hecho de no ostentar determinada vida laboral; por otra parte, haber sido un currante de sol a sol desde la infancia, pongamos en el tajo, no tiene por qué garantizar mayor sensibilidad hacia el desempleo que haber empezado a trabajar a los treinta, pongamos como funcionario. Pero para abandonar un Pleno por ello hace falta haberse sentado con cierta predisposición a levantarse. Del mismo modo, es objetivamente inoportuno, ahora que la tele pública nos seduce suprimiendo la publicidad, que te esclafen siete minutazos de propaganda institucional cuando has ido a ver un «Fausto» sicalíptico. El público teatral no está habituado al «Movierecord» y no espera tráileres ni «No-Dos». Pero tampoco es para tanto, con una Alcaldesa que, sensata como es, suele rehusar lo pelmazo. Imagínense la que se lía si llega a salir -en puridad, debería- Zapatero.