Esa destitución de Junquera, al que el gobierno acusó de desvelar secretos del consejo de la EMA por dar datos del contrato con la firma liderada por el ex edil popular Emilio Noval en el denominado «caso Nofer», llegó también a los tribunales. Un destino habitual del PP, que en los últimos cuatro años ha iniciado doce procedimientos contra el equipo de gobierno por otros tantos asuntos en los que consideró que se ha sesgado su capacidad de fiscalizar al gobierno. Unos los ha perdido y otros los ha ganado, como los vinculados a una petición sobre la apertura de una comisión de investigación sobre las contrataciones en la empresa de autobuses o la anulación de la «Gaceta» en época electoral. «Aquí sólo se tramita lo que le interesa a la Alcaldesa», explicaba ayer Pedro Muñiz, en su doble condición de concejal del PP y letrado de la organización.
Y si el recurso a los juzgados empieza a ser una constante, también lo es oír en el salón de plenos insultos y comentarios que le costarían a cualquier niño de Gijón una regañina de sus padres o profesores. Mentiroso y sinvergüenza están dentro de los epítetos que se dirigen con más ligereza los concejales, que en muchas ocasiones no tienen ningún escrúpulo en provocar a sus adversarios con pullas a media voz que no quedan registradas en los micrófonos del salón. O con peticiones directas a que se callen la boca que rebotan de bancada a bancada.
La última moda plenaria pasa por complementar cualquier intervención con la exhibición de informes, expedientes o fotografías. Los ediles populares son quienes más utilizan ese recurso que saca de quicio a los miembros del gobierno local. «Son continuos cuchicheos en el Pleno y provocaciones con fotografías cuando no están en el turno de palabra. Una provocación a la que PSOE e IU responden con respeto y sin alterarse», explicaba ayer la alcaldesa de Gijón. La misma alcaldesa a la que Pilar Fernández Parto tilda de «autoritaria y sectaria» a la hora de ordenar las sesiones de Pleno. Siempre en contra del PP, en opinión del PP.
Sólo una buena noticia: ya nadie discute por los tiempos de intervención en los plenos. Las constantes broncas por si la Alcaldesa era más flexible con los minutos cuando el turno era para el gobierno que para la oposición quedaron zanjadas en octubre del año 2008 cuando se instalaron cronómetros en las paredes del salón de plenos. El reloj va descontando los segundos y cuando llega a cero... fin del mitin.
El ajuste de cuentas en el ámbito personal que el PP ve en las palabras de Tino Venturo sobre el paro tiene un antecedente similar en el Pleno de agosto del año 2008. Allí, un comentario previo de Pilar Fernández Pardo refiriéndose al edil de Urbanismo, Pedro Sanjurjo, como «el fontanero» dio lugar a insinuaciones de todo tipo desde la bancada del equipo de gobierno para denunciar el clasismo y elitismo social de los ediles del PP.
Sanjurjo, igual que hizo Venturo en el pasado Pleno, reivindicó con fuerza el valor de su pasado de obrero desde los 15 años. Al igual que Pilar Fernández Pardo se postuló con la misma intensidad como médica cuando se insinuó que no tenía empleo conocido. Puestos a colocar a cada uno en su clase social correspondiente, el concejal popular Pedro Muñiz recordó que la única que pertenece a la más rancia burguesía gijonesa es la señora alcaldesa». Así han transcurrido los primeros dos años del mandato y peores cosas se esperan para el futuro.