R. G.
«Oímos muchos gritos y nos despertamos. Había portazos y golpes». De esta manera vivieron en la madrugada de ayer los vecinos del número 11 de la calle Candás la pelea que finalizó con la detención de uno de los inquilinos de su edificio y de otro joven con el que éste se peleaba. A pesar de la violenta escena, los vecinos aseguran que «el chaval del quinto era muy callado pero normal, siempre saludaba cuando bajaba a pasear los perros». Los habitantes del mismo edificio sí veían «actitudes sospechosas» en los «vaivenes de gente que se veían en el piso».
M. J. R. S. llegó a este edificio de la calle Candás con su madre. «Vivieron aquí juntos hace unos cuatro años», señala una de las más veteranas del inmueble, «pero luego su madre se marchó y se quedó él solo». Al ahora arrestado no se le conocía trabajo alguno ni actividad. «No sabemos a qué se dedicaba», responde un vecino del cuarto piso que no oyó la discusión por encontrarse trabajando durante la noche. El suceso alarmó además a los vecinos del edificio situado enfrente, que salieron a las ventanas al escuchar las sirenas policiales.