Roces (Villaviciosa),
Mariola MENÉNDEZ
Con 35 años se quedó viudo y se prometió a sí mismo que nunca le daría una «madrastra» a su hija, Mercedes, que entonces tenía 4 años, que la sacaría adelante él solo. Y lo cumplió. Así, trabajador y de convicciones fuertes, es Enrique Figenio Costales Meana, más conocido como el Ferreru de Roces de Candanal (Villaviciosa), que ayer celebró 95 años con su familia.
Costales trabajaba durante largas y agotadoras jornadas en el campo, donde compaginaba las labores de ganadero con las de agricultor y buscaba hueco para ejercer como artesano elaborando cestos o madreñas. Al terminar estos quehaceres diarios continuaba con los propios del ferrero, oficio por el que era conocido en Candanal y Peón. En su fragua arreglaba principalmente aperos de labranza. Su yerno, Mario Aurelio Álvarez, resalta de él su «espíritu luchador incansable».
La vida de Enrique Costales ha sido de todo menos fácil. Con tan sólo 35 años, hace 60, se quedó viudo. Su esposa, María Dolores Sánchez, falleció al no poder superar una apendicitis que derivó en peritonitis, una complicación difícil de superar en aquella época. Costales consiguió sacar adelante con mucho coraje a su hija, Mercedes Costales. El Ferreru de Roces contó con la ayuda de su hermana soltera, Auxilio, que probó la vocación monástica, pero no le cautivó lo suficiente.
Ayer, la única descendiente de Enrique, Mercedes Costales; el marido de ésta, Mario Aurelio Álvarez, y la hija de ambos, María Dolores (en honor a su abuela) Álvarez Costales, rindieron al patriarca un pequeño y familiar homenaje. Al maliayés le han pasado factura los años y, aunque goza de algunos momentos de lucidez, su salud se ha visto mermada y deteriorada física y mentalmente, apunta su yerno. Mario Aurelio Álvarez define al maliayés como «un estupendo suegro» y destaca de su carácter que «es muy callado». Su larga trayectoria como abnegable trabajador y luchador bien le hace merecedor de seguir disfrutando de su larga existencia, ya casi centenaria.