FRANCISCO GARCÍA
Cabe pensar que la educación es el gran fracaso de la democracia española, mientras la clase política sigue enzarzada en reformas y contrarreformas que sólo han conseguido vaciar de sentido común el sistema educativo. Del deterioro de la instrucción pública son tan culpables los políticos, tan interesados en manipular la historia, como los pedagogos, sumos sacerdotes del aborregamiento de un rebaño dócil que desconoce otro camino que el que conduce al redil. Unos y otros parecen patrocinar una sociedad de ignorantes frente a otra donde prevalezca el espíritu crítico. Falla tanto la buena educación como la educación para ser competitivos, a la vista de la reducida carga de la mochila intelectual de los nuevos españolitos, que ya sólo estudian el trozo de río que atraviesa su comunidad. Se exige un viraje urgente: ya está bien de considerar paradigma de la sabiduría el precepto socrático de sólo saber que no se sabe nada. Pues lo que sabemos acaba siendo nuestro único patrimonio.