CUCA ALONSO
Salía la gente hasta la calle, desbordada la capacidad de la galería El Arte de lo Imposible, todos reunidos junto a Pachi Poncela en la inauguración de su muestra pictórica «Paisanajes». Conocíamos de este notable colaborador de LA NUEVA ESPAÑA sus éxitos radiofónicos, justificados por su bonita voz, su agilidad mental, su ingenio e ironía. Y punto y aparte, su extraordinaria erudición musical. Pero de buenas a primeras, hemos descubierto un artista; chico, deberías dejar algo para el resto de los humanos. Entre la aglomeración del respetable fuimos examinando sus 28 dibujos. «Has de pronunciar unas palabras, Pachi, para darle cierto protocolo al estreno». No se resistió, dijo: «Esta exposición es el resultado de los ratos libres de los últimos tres meses junto a mi bolígrafo». Eso fue todo. Bolígrafo y algo más; tintas, acrílicos, óleo, pero el gran protagonista es el bolígrafo. He aquí, un hombre y su instrumento no queriendo trascender, pero lográndolo bien a su pesar, y siempre en clave de humor. Los precios, muy fáciles, sólo dos, 230 y 290 euros, según tamaño. A la media hora del estreno, abundaban las anotaciones comerciales.
Su serie negra está dedicada a la música, piano, violín y kontra, como Pachi Poncela ha dado en llamar al contrabajo. Sus instrumentistas se abstraen de su entorno para constituir un rudimento, el ensamblaje de una dicotomía. Abandonada la música nos esperaba «Las bodas de oro», un alarde de fina sátira. Pareja oronda, entrada en años, «él aún cree en al amor», apuntó el artista. Ella, por el contrario, desvía su fe hacia el dinero de su esposo que le ha permitido adquirir un rostro estándar; mejillas hinchadas, morros como babosas en paralelo, frente estirada... Ah, pero el cuello... El cuello como un acordeón; cosas de este Pachi y su amor a la música. Fue de los primeros adjudicados.
Dibujante excepcional, su expresividad se traduce en líneas limpias y decididas. «La madre de todos nosotros» es una vieja prehistórica como delata su boca, fruncida hacia dentro al carecer de toda la dentadura; se apoya en un chaval sumido en su resignación. «Moleskine 1» es el título de un collage, miscelánea social en la que se incluyen hasta sus bacterias, gente fea, guapa, joven, no tanto, gordos, abandonados a la molicie, un notario... Y ratas. «Todos estos paisanajes ya existían antes de ponerles un marco, ya andaban sueltos por ahí antes de que un servidor los pescara con el bolígrafo. Gente, gentuza, xentina que ha terminado sus días dentro de un cuadro. Hay destinos mucho peores». Así define Pachi Poncela su obra.
Su «Venus» es ampulosa, «es una Venus de barrio», dijo el autor. Creo que le ha traicionado el subconsciente; hay quien asegura que todo español en el fondo del corazón lleva una gorda. «Moleskine 2» es otro collage, pero más barriobajero, en el que persisten las ratas; sospecho que el autor ha leído recientemente a Camus. «Gerontoragia» es una hilera humana que recuerda a Los Esperpentos de Goya, en clave histriónica, todos avanzan por una alfombra roja, desnudos, como el mañana del cine de hoy. Es genial. Se vendió inmediatamente.
La hipótesis del nuevo Einstein es lograr que las vacas vuelen, o que el perro toque la flauta, o que una mujer pueda columpiarse en el vacío sustentada por la flotabilidad de sus colosales glándulas mamarias... Enhorabuena, Pachi.