J. M. CEINOS
Fue María Isabel Francisca de Asís de Borbón y Borbón la hija mayor de la reina Isabel II y Princesa de Asturias en dos ocasiones, pero nunca llegó al trono. Casada muy joven con su primo Cayetano de Borbón, también muy joven, a los 20 años, se quedó viuda. Entonces, la infanta Isabel, que pasaría a la historia con el apodo popular de La Chata, se convirtió en una especie de relaciones públicas de la Casa Real durante los reinados de su hermano, Alfonso XII, y de su sobrino, Alfonso XIII, a lo largo de toda la llamada Restauración.
Casi 79 años después de su muerte, La Chata sale a colación por las obras de desmonte que está realizando la Autoridad Portuaria de Gijón en el Alto de Aboño, en el vecino concejo de Carreño, que han obligado a derribar una estatua que los vecinos del lugar habían levantado a La Chata para conmemorar una breve visita que realizó por aquellos parajes al otro lado del río Aboño, en el mes de julio de 1915.
Aunque Gijón no fue para la Familia Real, como San Sebastián y Santander, epicentro de sus vacaciones de verano, las visitas regias fueron varias desde mediados del siglo XIX. La infanta Isabel llegó a Gijón por primera vez el verano de 1858 junto a sus padres, Isabel II y Francisco de Asís, y luego, a lo largo de su vida, menudearían sus estancias en la villa y, como no, sus visitas a las obras de construcción del puerto exterior de El Musel.
Nació La Chata en Madrid el 20 de diciembre de 1851 y se le erigieron varios monumentos, el más conocido es el que se puede ver en el madrileño paseo de Rosales, en la parte alta del parque del Oeste, situado cerca de la calle de Quintana del barrio de Argüelles, donde residió la infanta Isabel hasta su salida de España, ya anciana y enferma, pocos días después de la proclamación de la II República. Murió en París el 23 de abril de 1931.
Tal vez la fotografía más conocida de la infanta Isabel en El Musel es la que tomó Laureano Vinck (se reproduce en esta página), el 19 de julio de 1909. El diario «El Noroeste», a pesar de su acendrado republicanismo, informaba con esmero, todos los días, a sus lectores, de las actividades de La Chata en Gijón y en el resto de Asturias durante sus visitas.
Así, el 20 de julio de 1909, en el diario republicano podemos leer: «La infanta Doña Isabel se halla satisfechísima de su visita a Gijón, tanto que, proponiéndose en un principio permanecer entre nosotros solamente cinco ó seis días, ha prolongado su estancia por tiempo indefinido, frase que ayer pronunció SAR, contestando a preguntas que le ha dirigido una de las distinguidas personalidades que con ella se sentaron a la mesa. Estoy -decía la ilustre dama-, verdaderamente encantada de las excelencias del clima, de las incomparables bellezas del paisaje y del modo de ser del vecindario, de cuya nobleza y sencillez, aparte sus entusiasmos, guardaré mientras viva muy gratos recuerdos». Como se ve, una excelente y experta relaciones públicas.
Como quedó dicho, el 19 de julio de 1909 visitó La Chata las obras de construcción de El Musel, y así lo contó «El Noroeste»: «A las cuatro de la tarde salió de la estación de Langreo el tren extraordinario que había de conducir hasta El Musel a SA (...) La infanta quedó encantada del grandioso panorama que se ofrecía a su vista, y tuvo grandes elogios para los iniciadores y continuadores de esa gran obra que se llama puerto del Musel».
Tras presenciar La Chata «algunos trabajos, entre ellos operaciones de descarga de carbón y colocación de un enorme bloque por los buzos», se sirvió un lunch, «que fue exquisito» y «con arreglo al siguiente menú: emparedados de jamón y foie grass, galantina trufada, jamón con huevos hilados, lengua ahumada, patatas schip (a la inglesa), entremeses, helados, jerez y champagne».
También fue julio el mes elegido por la infanta Isabel para recalar varios días en Gijón en 1915, en concreto toda la segunda quincena. El 16 de julio visitó Candás, conducida en un tren especial, después de recorrer, por la mañana, el colegio de los Jesuitas y de excusar, por falta de tiempo, la comida que tenía previsto hacer en la Cocina Económica.
El menú que se perdió La Chata lo degustaron, nos cuenta «El Noroeste», nada menos «que quinientos pobres (...) se sentaron en las mesas de blanco mármol, saboreando con verdadero apetito (sic) las viandas que les fueron servidas con arreglo al siguiente menú: sopa de pastas con menudillos, carne con salsa de tomate y pimientos, pescado con pimientos y guisantes, doble ración de pan, vino y café». Y también se relataba en el republicano diario: «No se ha escatimado el vino para los pobres obsequiados, pues éstos han consumido muy cerca de dos pellejos de excelente Tierra».
La segunda visita de La Chata al limítrofe concejo de Carreño fue el 26 de julio de 1915, por la tarde, «a la finca que poseen en Carrió (Carreño), los señores Bernaldo de Quirós, donde será obsequiada con un te» («El Noroeste»). Al día siguiente, el diario contaba que La Chata, después de almorzar «en compañía de su dama de honor, del señor Coello y de los señores gobernador civil, alcalde y teniente coronel de la Guardia Civil (...) A las cuatro de la tarde se dirigió en automóvil a la finca de los señores Bernaldo de Quirós, en Carrió, donde fue obsequiada con un espléndido te de honor», no sin antes, de nuevo la relaciones públicas, hacer «grandes elogios de la agradabilísima temperatura que se disfruta y resaltar el contraste entre los grandes calores que se sienten en Madrid».
La Asociación de Vecinos «Alto Aboño» colocó un cartel recordando el paso, camino de la finca de los Bernaldo de Quirós, de la infanta Isabel de Borbón, en el que se asegura que La Chata cruzó el río Aboño en barca y luego siguió camino en un carro engalanado y tirado por dos vacas.