JOSÉ MARÍA DÍAZ BARDALES
Al viejo aserto de que la unión hace la fuerza me acerca el análisis de tres acontecimientos.
Nuevo obispo. El sábado llega a Asturias un nuevo obispo; estaré en Oviedo para concelebrar con él, que llega para servir a la Iglesia que peregrina en nuestra tierra. El obispo está llamado, en la sucesión apostólica, a unir a los hermanos que creemos en Jesús y en su Buena Noticia liberadora.
He tenido en mis 46 años de sacerdocio cuatro obispos muy distintos: García de Sierra, Tarancón, Díaz Merchán y Osoro. García de Sierra me ordenó sacerdote y de él recibí el primer nombramiento: coadjutor de Luanco; a los pocos meses se fue de Asturias. Tarancón me encomendó cuatro parroquias rurales entre el Puerto del Palo y el embalse del Salime, me envió después de coadjutor a San Juan de Mieres y finalmente a hacer estudios en el Instituto Superior de Teología Pastoral en Madrid, algo que siempre agradeceré y que me ayudó extraordinariamente para el ministerio parroquial. Díaz Merchán, a quien profeso un enorme afecto, me hizo párroco de Tremañes, diez años difíciles en un barrio en el que estaba enclavado el núcleo chabolista más numeroso de Asturias; después me hizo párroco de La Calzada, donde sigo 28 años después muy, muy feliz. Con Carlos Osoro nunca sintonicé, me dejó solo en una parroquia de más de 20.000 habitantes y sinceramente me alegré cuando se fue a Valencia. La llegada de un nuevo obispo nos pide a los cristianos de Asturias arrimar hombros y corazones para «buscar el Reino y su justicia, que lo demás vendrá por añadidura». Lo dice Jesús en el Evangelio.
Ecumenismo. El Octavario por la Unión de las Iglesias que celebramos del 18 al 25 de enero, aunque parece un poco olvidado (hasta los materiales que manda la curia llegan tarde), es un viejo intento de unir a los cristianos que caminamos en distintas iglesias y recordar la oración de Jesús al Padre: «Que sean uno para que el mundo crea que Tú me has enviado». Siendo mucho más lo que nos une que lo que nos separa, creo que avanzamos poco en el intento de unión. Los intentos recientes de acercamiento con lefevrianos y con los anglicanos más conservadores no me entusiasman y me temo que contribuyan a radicalizar posturas, porque ambos grupos no son especialmente sensibles al ecumenismo y a la diversidad de dones y carismas.
Haití . Haití es el país más pobre del continente americano y uno de los más subdesarrollados del mundo. El 80% de la población está por debajo del umbral de la pobreza y el terremoto que asoló el 13 de enero el país ha causado muchos más estragos de lo que hubiera ocurrido en un país desarrollado, en el que se está infinitamente más protegido frente a todo. Ante la tragedia los que mejor han respondido han sido los que ya estaban allí: Cáritas, Manos Unidas etcétera. El arzobispo de Tegucigalpa, Honduras, y presidente de Cáritas Internationalis, el cardenal Maradiaga, ha lanzado la idea de adoptar niños que han quedado huérfanos tras el terremoto y considera que esta iniciativa buscaría darles una oportunidad para que «puedan encontrar un futuro» en medio de la tragedia. El cardenal reconoció que de proceder la propuesta de adopción se deben vigilar cuidadosamente los mecanismos, debido a que en ocasiones entran negocios turbios e intereses diversos. Unicef ha denunciado este viernes el rapto de al menos 15 niños no acompañados en hospitales de Haití. Sería triste que tras los sentimientos de estos días nos olvidáramos de la situación de tantos países que viven en situación límite por culpa del Primer Mundo, del que formamos parte.