Eloy MÉNDEZ
Música, poemas, alusiones a «la mar», banderas tricolores... Las mil aristas de Peltó reaparecieron ayer en el Centro de Cultura Antiguo Instituto en un homenaje póstumo organizado por el Ateneo Republicano de Asturias que fue a la vez íntimo y multitudinario. Decenas de amigos y admiradores de José María Peláez Prieto, entre los que se encontraba la alcaldesa de la ciudad Paz Fernández Felgueroso, -a la que el difunto buzo llamaba cariñosamente «la xana de la plaza Mayor»- recordaron entre risas y lágrimas a un hombre que «amaba profundamente la vida», como él mismo aseguraba cada vez que podía.
«Sueño que un día el pueblo español sea capaz de entender lo que realmente quiere». Con esta frase del propio Peltó cerró su discurso Francisco Prendes Quirós, presidente del Ateneo, que resaltó al inicio del acto los valores éticos y políticos de «alguien que se empeñaba en mostrar siempre su profunda fe republicana». Así comenzaron dos horas de alabanza de lo que fue y es Peláez Prieto para Gijón. «Un buen y desprendido amigo», según el periodista de LA NUEVA ESPAÑA Juan Ramón Pérez Las Clotas -que aunque no acudió al Antiguo Instituto, envió un sentido texto de recuerdo-; «un playu salitrosu universal», para el presidente del Cepesma, Luis Laria, que además pidió una calle con el nombre del homenajeado; «un catedrático en el arte de la mar», según José Antonio Madiedo, presidente de la Asociación Nacional de la Marina Civil.
Uno tras otro, algunos de los que conocieron y quisieron a Peltó relataron tras un atril adornado con los tres colores de la bandera nacional de la II República sus vivencias comunes. Lo hicieron de casi todas las formas posibles. El poeta Albino Suárez recitó unos versos para rememorar la admiración que el pixueto afincado en Gijón sentía por el escritor de Roces Alfonso Camín. También Javier Vallín leyó poesía para encumbrar el recuerdo del ausente. Por su parte, el artista Miguel Mingotes divirtió al público al situarles ante una hipotética obra de teatro protagonizada por «la idea de Dios, la oscuridad y el propio Peltó», que acababa por asumir «que mi República, no es de este mundo».
La última parte del acto estuvo protagonizada por las actuaciones de los cantautores Carlos Rubiera y Rafa Lorenzo, que entonaron composiciones como «Elogio al oso pardo que mató al rey Favila». Paralelamente, una secuencia de imágenes de Peltó proyectada sobre una gran pantalla hizo más patente aún la grandeza de un hombre que alcanzó su popularidad gracias a la lucha libre y su pasión marina y que dejó impreso su carácter en la memoria colectiva de los gijoneses.