J. C. GEA
Los ingenieros de caminos, canales y puertos no quieren que Asturias se quede al margen del AVE del Cantábrico. En principio, naturalmente, un proyecto así demanda mucho trabajo ingenieril, y eso es bueno. Como mínimo, para los ingenieros. Pero no faltará quien vea este proyecto para estrechar la tierra entre dos mares que son, al menos, dos cosmovisiones, como una agresión comparable a la que la malvada corporación minera desata sobre el idílico planeta Pandora. Nativos y ecologistas «entrechufarán» sin duda sus trenzas neuronales para clamar por la supervivencia de la rasa litoral, el Ministerio se sumará a la batalla con la cuca estrategia de mirar para otro lado (tiempo y dineros al saco) y el Gobierno regional mareará el AVE con noes místicos y discrepancias soterradas hasta que el marrón de una decisión compleja se lo tenga que comer otro. Y quizá suceda, si el AVE intermares al final nos esquiva por el Sur, que los hobbits asturianos vivamos felices pero ignorados en nuestra Comarca mientras, como el insomne de Proust, oímos pasar trenes nocturnos a lo lejos.